Más ciencia ficción y menos spin doctors frente a la emergencia climática

Artículo publicado en EL DIARIO

Hubo un tiempo en que los spin doctors eran un popular grupo de música, no esas figuras que entre bambalinas se han apoderado de los partidos, que se han rendido ante estos consejeros, encargados de tomar decisiones clave que los dirigentes se encargan de escenificar. Los principios, los programas o las estrategias colectivas se han vuelto secundarias una vez que lo político se ha reducido por la dictadura del corto plazo, el tacticismo comunicativo y el marketing.

El especulador George Soros afirmaba que en economía financiera las inversiones a largo plazo eran cinco minutos; para los spin doctors, expertos en moverse bajo la presión de la actualidad y lo instantáneo, el largo plazo se limita a la publicación del próximo sondeo electoral. La política está en manos de estas personas, incapaces de definir estrategias para temas cuyo horizonte temporal de reflexión y actuación exceda lo coyuntural. Imposible ir más allá. Así que no resulta muy creíble, ni recomendable, que puedan hacerse cargo de una cuestión tan compleja, incómoda y multidimensional como la crisis ecológica.

La emergencia ecosocial nos exige otro tipo de liderazgos políticos (valientes, empáticos, didácticos, creíbles, compartidos…), pero también otras figuras de asesoría y acompañamiento, que sean capaces de comunicar la discontinuidad de este momento histórico, de anticipar escenarios de futuro, de ofrecer nuevos imaginarios y de saber otorgar protagonismo a la ciudadanía. Si los spin doctors son como el copiloto de un rally, que solo puede avisar de las siguientes curvas y la marcha con la que conviene abordarlas, lo que necesitamos se parecería más a alguien que escribiera ciencia ficción. Si lograr una transición justa hacia la sostenibilidad nos parece una marcianada ¿no tendría sentido abordarla de la mano de quienes realmente se han dedicado a imaginarla? Sigue leyendo

Agricultura urbana, de la subcultura al marketing verde

La agricultura urbana fue relanzada desde los años 70 por colectivos contraculturales y ecologistas, simbolizadas en el gesto de cultivar en parcelas abandonadas o sembrar flores de forma clandestina en lugares inesperados. Una tarea que algunos autores como Mc Kay denominan horticontracultura, al utilizar el cultivo de plantas como una provocadora herramienta para transmitir valores y mensajes políticos. Las transgresiones de las normas consensuadas que se emplean para organizar y experimentar el mundo tienen una considerable capacidad de provocar e inquietar. Las subculturas expresan contenidos prohibidos (conciencia de clase, diferencia…) en formas prohibidas (transgresiones de las formas de conducta y etiqueta, infracción de la ley… . (Hebdige, 127). 12hougar1_602418s-e1315042480778 Sigue leyendo