Oasis donde cultivar vida en tiempos de guerra: las bombas sobre los huertos de Sana en Yemen.

a7949843-d30d-4d32-925f-079b6245b0d1-2060x736“Estad preparados para ser bombardeados. Estad preparados para volver a la Edad de Piedra” amenazaba un secretario de defensa de EEUU a Pakistan,  al comienzo de la ofensiva antiterrorista que siguió al atentado de las Torres Gemelas. Hoy vemos como el esfuerzo bélico va logrando que la profecía se cumpla, Oriente Medio se convierte en un campo de batalla que se nos hace crecientemente incomprensible, donde  combaten fundamentalismos religiosos y de mercado, donde chocan los intereses geoestratégicos con la vida cotidiana de sociedades civiles condenada a enfrentarse a  múltiples y contradictorias dinámicas de opresión. Conflictos que no entendemos, que no podemos resumir en términos de buenos y malos, pero que van erosionando nuestra humanidad…

Hace tiempo que asistimos a la locura de un Estado Islámico, simbolizada en la destrucción del patrimonio cultural milenario como símbolo del deseo de invisibilización y olvido de las culturas e identidades colectivas que no encajan en su ortopédica visión de la realidad. Pero la destrucción de los paisajes y edificios, del patrimonio natural y construido, y por tanto la destrucción de los medios de vida, y de la misma memoria de las comunidades, no es exclusiva de uno de los actores. Nos hemos animado a escribir estas líneas cuando hace unas semanas un bombardeo aliado amparado por Naciones Unidas destruía el huerto llamado Miqshamat al Qasimi, en el centro histórico de Sana, capital de Yemen, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

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