De la incautación de bienes mafiosos al desarrollo de bienes comunes.

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A mediados de octubre,  Rajoy inauguraba sin pena ni gloria la Oficina de Recuperación y Gestión de Activos, orientada a que los corruptos no puedan disfrutar de lo que han robado y dichos activos económicos se destinen a fines sociales. Una política descafeinada, realizada en periodo electoral y a la que nadie ha prestado demasiada atención, cuando podría ser una palanca perfecta para fortalecer los tejidos sociales y financiar la puesta en marcha de proyectos de economía solidaria. ¿Cómo hacerlo? Un ejemplo inspirador es el de la lucha de Libera contra la mafia y la corrupción en Italia, que nos puede ayudar a reflexionar sobre su posible traducción a nuestro contexto sociopolítico.

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