De la ‘smart city’ a las transiciones urbanas: una agenda ecosocial para los municipalismos.

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Artículo publicado en PÚBLICO.

En otoño de 2016 el “Arca de Noe”, que se encarga de proteger las semillas de plantas comestibles ante una catástrofe global, sufría filtraciones severas de agua debido al cambio climático; y hace solo unos días el centro de estudios sobre inundaciones de Lousiana se inundaba por el mismo motivo. Dos metáforas que ilustran la manera en que nuestra civilización está encarando el colapso climático, la superación de los límites biofísicos o el declive energético. Frente a un inexorable cambio de ciclo histórico nos contentamos con confiar en que la ciencia y los avances tecnológicos nos sacarán del lío en el que estamos metidos, pero parece que nuestras barcas salvavidas hacen aguas…

Los aportes de la ciencia y sus invenciones son condición necesaria pero no suficiente para reorganizar el funcionamiento y la economía de nuestras sociedades. El tecnoentusiasmo dominante nos ofrece una engañosa, seductora y tranquilizadora representación de la realidad; donde todo está bajo control y problemas muy complejos se pueden resolver, o estarían en vías de resolverse, gracias a las invenciones tecnológicas. Mirando de forma crítica la realidad, vemos cómo tras la racionalidad parcial de estas propuestas se esconde una irracionalidad sistémica, como afirmaba Pascal “corremos despreocupadamente hacia el precipicio, una vez que hemos colocado algo delante de él que nos impida verlo”.

Superando el “solucionismo tecnológico”

La smart city supone la adaptación de este tecnoentusiasmo al campo del urbanismo y del diseño de los asentamientos humanos, trasladando a la tecnología la responsabilidad de dar solución a los problemas que afrontan las ciudades. Internet y el big data con sus sensores, dispositivos y aplicaciones, nos van a permitir descifrar las leyes ocultas que organizan la vida colectiva de la ciudad, ofreciendo un conocimiento neutro y verificable, indiscutible, ideológicamente inofensivo y abstracto, como diría Manu Fernández. Los grandes centros de datos serán capaces de aumentar la eficiencia de los servicios públicos, mejorar la movilidad, resolver el problema de la generación de residuos, optimizar el uso de energía… Y nuevos artefactos como las granjas verticales o los coches sin conductor, desarrollarán de forma más fiable funciones que hasta ahora realizaba la naturaleza o el ser humano. La locura del “solucionismo tecnológico” asume que la vida urbana se tornará previsible mediante predicciones claras y objetivas, que permitan racionalizar la toma de decisiones de los gobiernos locales. Los ordenadores y los algoritmos van a hacer realidad el sueño de una autorregulación armónica, eludiendo los incómodos procesos de deliberación colectiva que son la base de la política y obviando el papel de nuestros estilos de vida en la crisis ambiental y la insostenibilidad urbana. Sigue leyendo

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Afrontando “la gran encrucijada” desde la biorregión

portada-la-gran-encrucijada-185x300Nos encontramos en una encrucijada, es decir: en un cruce de caminos, y también: en una situación difícil en la que no se sabe cómo actuar. Además es urgente decidir hacia dónde se van a encaminar nuestras acciones en el medio plazo, siendo conscientes de lo que ello supone para el futuro. De la necesidad insoslayable de un cambio de rumbo dan cuenta las evidencias de que afrontamos una crisis ecológica y social. En el libro La Gran Encrucijada se sintetiza el diagnóstico del cambio global que afrontamos, y se plantean las transformaciones necesarias para reorientar nuestro modelo de desarrollo. El libro, que se puede descargar gratuitamente, da pie a una colección de documentos de divulgación denominada Tiempo de Transiciones, en la que se irán publicando on-line documentos e informes sectoriales que avancen en las propuestas y relatos de este cambio de rumbo.

Junto a otras autoras y autores, hemos realizado una breve reflexión como complemento del texto, que se presenta como tema de debate al final del libro. En nuestro caso aludiendo al concepto de biorregión y a la necesaria reterritorialización del sistema socioecológico.

seccion-valleHablamos de biorregión, que es literalmente el lugar de la vida, el espacio de referencia en el que empezar a reconstruir esas relaciones perdidas entre sociedad, economía y procesos naturales. El lugar del que obtener los recursos que necesitamos, pero de forma que contribuyamos a su reproducibilidad; en el que reconciliar ciudad y campo y entenderlos como dos partes complementarias de un mismo espacio que sustenta la vida; en el que recuperar el conocimiento y la relación directa con los ecosistemas y las comunidades en que vivimos…

Hablamos de reterritorializar, porque se trata de recuperar algo que era intrínseco a  nuestras economías. Nuestras sociedades estuvieron arraigadas en el territorio en el pasado, pero tras décadas de globalización y desmaterialización de la economía, casi hemos destruido por completo el valioso conocimiento que vinculaba las distintas culturas, paisajes, patrones de asentamientos, sistemas agrarios, gastronomías, etc, con el espacio concreto en el que vivimos.

Tendremos que avanzar poco a poco en esta reterritorialización, fijando umbrales alcanzables y acompasando el cambio de rumbo de las economías con el cambio en la percepción y en el compromiso social. Distintas iniciativas emergentes, luchas en defensa del territorio y por la soberanía alimentaria nos muestran el camino que hay que recorrer y las alianzas urbano-rurales necesarias para darle una base sólida.