Ecología de un catálogo de juguetes.

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Artículo publicado en EL DIARIO.

En las navidades me gusta ojear los catálogos de juguetes, por un lado porque me recuerdan a la infancia cuando jugaba con mi hermano a ver quien se “pedía” más rápido el que más le gustaba de cada página. Momentos en los que soñábamos despiertos a acaparar tantos juguetes como fuera posible, sin darnos cuenta de que el catálogo en sí ya era un juego. Con el paso de los años la atracción evolucionó hacia la curiosidad sociológica, ver en los catálogos los cambios y tendencias de nuestra sociedad de consumo: modas, relaciones de género, militarismo, diversidad…

Jugar es un aspecto esencial de la vida, especialmente durante la infancia, donde, a parte de divertirnos, conocemos e interiorizamos muchas claves del funcionamiento de nuestras sociedades. El aprendizaje por imitación es una de las dinámicas del juego y se basa en las neuronas espejo, que se activan en nuestro cerebro cuando tratamos de comprender las acciones emprendidas por otras personas, pues su comportamiento se refleja en nuestra mente como si estuviéramos realizando dichas acciones. La neurociencia sostiene la importancia del aprendizaje por imitación en el desarrollo personal de capacidades cognitivas esenciales para la vida social como la empatía. Sigue leyendo

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Ciudades en movimiento. Avances y contradicciones en las políticas municipalistas ante las transiciones ecosociales.

esdczxCIUDADES EN MOVIMIENTO analiza más de doscientas políticas municipalistas de siete ciudades (Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, Málaga, Vitoria, Coruña), ofreciendo un balance riguroso de su impacto desde la óptica de las transiciones ecosociales.

Un trabajo que sistematiza las transformaciones que están sucediendo en las agendas políticas, los procedimientos, las alianzas, los conflictos, los relatos… mostrando los avances en cuestiones sociales y de participación ciudadana, así como las debilidades en temáticas ecológicas clave.

La publicación, prologada por Yayo Herrero, presenta un texto marco sobre la importancia de las ciudades en el contexto del Antropoceno, unas conclusiones derivadas del análisis de las ciudades en base a diez temas clave, una serie de tribunas y las fichas de las ciudades con la valoración de las más de doscientas políticas analizadas.

El libro puede encontrarse en papel en distintas librerias y descargarse de forma gratuita: AQUÍ

Extinción/Rebelión ¿La hora de la desobediencia civil ante el colapso ecológico?

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Artículo publicado en EL DIARIO.

Hace meses que cafés, escuelas, centros culturales y locales asociativos, de Reino Unido vibraban con una intensa actividad sociocultural en torno a un tema como la gravedad y excepcionalidad que supone la crisis ecológica. Centenares de conferencias y debates, tertulias, talleres, artículos en medios locales o intervenciones en radios comunitarias… eran los pequeños y silenciosos pasos con los que arrancaba la campaña Extinción/Rebelión.

Ante la falta de liderazgo institucional y el desinterés mostrado por los partidos políticos, que suelen encontrar en la crisis ecológica una cuestión incómoda para sus cortoplacistas cálculos en términos electorales, una amplia coalición de colectivos sociales y ecologistas decidían pasar a la acción. La iniciativa ha sido respaldada por un pluralidad de intelectuales, más de un centenar de académicos e incluso por algunos arzobispos como el de Canterbury. El activista y columnista George Monbiot planteaba en un texto alentando a la campaña cómo no podemos salvarnos sin oponernos a l control oligárquico; la lucha por la democracia y la justicia y la lucha contra el colapso ambiental son lo mismo. No permitamos que quienes han causado esta crisis definan los límites de la acción política.

Y es que la principal singularidad de este llamamiento a la acción ha sido apelar al inicio de una campaña de desobediencia civil, masiva, pacífica y sostenida en el tiempo; cuyo objetivo es presionar a la clase política y activar a la sociedad ante el colapso climático y la crisis ecológica. Un desafío que se conecta con otros episodios históricos en los que la ciudadanía desobedeció como una forma de alterar el injusto orden existente (abolicionistas, sufragistas, Gandhi, derechos civiles… ) y lograr que se tomaran determinadas medidas, que hoy forman parte del sentido común pero que en su momento suponían propuestas rupturistas y verdaderas provocaciones. Sigue leyendo

¿Y si pacificar el tráfico es una declaración de guerra?

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Artículo publicado en EL DIARIO.

La voluntad del Ayuntamiento de Madrid de poner en marcha Madrid Central, prohibiendo el acceso del coche privado al centro de la ciudad, ha desatado un nuevo episodio de una prolongada guerra cultural nacida con la llegada del coche a la ciudad. No hay más que recordar como el primer coche que rodó por las calles de Madrid era conducido por el Conde de Peñalver, que en 1908 volvería a ser nuevamente alcalde de la capital, y encargado del primer Bando Municipal defendiendo la presencia del coche en las calles, cuando este era un artículo de lujo:

“El automóvil no debe circular por una población a velocidades excesivas, produciendo molestias y peligros al vecindario; pero éste, por su parte, no tiene tampoco derecho a disputar a los vehículos, la posesión y disfrute del centro de las calles y plazas, por el que podrá transitar de paso y con las precauciones debidas, cuando tenga que atravesarlas, pero siendo intolerable que pretenda convertirlo en lugar predilecto de tertulias y recreos, cual si los ciudadanos que van en coche no hubieran de merecer de los que van a pie el propio respeto que a estos deben inexcusablemente guardar los primeros”.

Así que no es de extrañar que desde sus inicios las organizaciones cuyo objetivo era fomentar el uso del automóvil funcionasen como un lobby, compuesto por una élite que abracaba de empresarios a políticos e incluso la corona, que presionaba por cambios normativos y legales acordes a sus intereses, así como por provocar un cambio de mentalidad entre la ciudadanía hacia el coche. Lo que nos lleva a remarcar que hacer viable la invasión de la ciudad por el automóvil exigió a las élites reordenar y regular los usos y costumbres a favor de los intereses de las minorías dominantes motorizadas. Y es que como narra magistralmente Alfoso Sanz, el peatón es un invento del automóvil, en 1899 esa palabra denominaba a los carteros encargados de llevar las cartas según e Diccionario General Etimológico de Eduardo Echegaray, para varias décadas después, en 1928, identificar a las personas que utilizan las calles pero no eran conductores.

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De la ‘smart city’ a las transiciones urbanas: una agenda ecosocial para los municipalismos.

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Artículo publicado en PÚBLICO.

En otoño de 2016 el “Arca de Noe”, que se encarga de proteger las semillas de plantas comestibles ante una catástrofe global, sufría filtraciones severas de agua debido al cambio climático; y hace solo unos días el centro de estudios sobre inundaciones de Lousiana se inundaba por el mismo motivo. Dos metáforas que ilustran la manera en que nuestra civilización está encarando el colapso climático, la superación de los límites biofísicos o el declive energético. Frente a un inexorable cambio de ciclo histórico nos contentamos con confiar en que la ciencia y los avances tecnológicos nos sacarán del lío en el que estamos metidos, pero parece que nuestras barcas salvavidas hacen aguas…

Los aportes de la ciencia y sus invenciones son condición necesaria pero no suficiente para reorganizar el funcionamiento y la economía de nuestras sociedades. El tecnoentusiasmo dominante nos ofrece una engañosa, seductora y tranquilizadora representación de la realidad; donde todo está bajo control y problemas muy complejos se pueden resolver, o estarían en vías de resolverse, gracias a las invenciones tecnológicas. Mirando de forma crítica la realidad, vemos cómo tras la racionalidad parcial de estas propuestas se esconde una irracionalidad sistémica, como afirmaba Pascal “corremos despreocupadamente hacia el precipicio, una vez que hemos colocado algo delante de él que nos impida verlo”.

Superando el “solucionismo tecnológico”

La smart city supone la adaptación de este tecnoentusiasmo al campo del urbanismo y del diseño de los asentamientos humanos, trasladando a la tecnología la responsabilidad de dar solución a los problemas que afrontan las ciudades. Internet y el big data con sus sensores, dispositivos y aplicaciones, nos van a permitir descifrar las leyes ocultas que organizan la vida colectiva de la ciudad, ofreciendo un conocimiento neutro y verificable, indiscutible, ideológicamente inofensivo y abstracto, como diría Manu Fernández. Los grandes centros de datos serán capaces de aumentar la eficiencia de los servicios públicos, mejorar la movilidad, resolver el problema de la generación de residuos, optimizar el uso de energía… Y nuevos artefactos como las granjas verticales o los coches sin conductor, desarrollarán de forma más fiable funciones que hasta ahora realizaba la naturaleza o el ser humano. La locura del “solucionismo tecnológico” asume que la vida urbana se tornará previsible mediante predicciones claras y objetivas, que permitan racionalizar la toma de decisiones de los gobiernos locales. Los ordenadores y los algoritmos van a hacer realidad el sueño de una autorregulación armónica, eludiendo los incómodos procesos de deliberación colectiva que son la base de la política y obviando el papel de nuestros estilos de vida en la crisis ambiental y la insostenibilidad urbana. Sigue leyendo

El Ministerio, la Transición Ecológica y el déficit de naturaleza.

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Artículo publicado en EL DIARIO.

En 1963 Betty Friedan escribía la mística de la feminidad como una forma de abordar un malestar que las mujeres de su época habían denominado “el problema que no tiene nombre”. Una suerte de crisis de identidad inducida por el patriarcado a las mujeres relegadas al trabajo doméstico; que lastraba su autonomía vital, aplazando proyectos personales y vaciando de sentido la propia experiencia. Este libro fue una de las obras más influyentes en el despliegue de la “segunda ola” del feminismo durante la segunda mitad de los años sesenta. Enunciar y dar nombre a los conflictos y generar relatos compartidos sobre la opresión suele ser el primer paso que desencadena un movimiento.

 Recientemente se anunciaba la creación de un Ministerio para la Transición Ecológica, que según el presidente del Gobierno nacía con la vocación de “concentrar las principales políticas encaminadas a construir un futuro sostenible, por lo que puede resultar interesante ver algunos de sus principales desafíos en un país en el que al debate sobre el cambio climático, sus consecuencias y desafíos no se les ha prestado la debida atención desde el ámbito público”.

La creación del Ministerio es una noticia muy significativa, pues por primera vez parece que se empieza a nombrar desde las instituciones el problema que realmente tenemos entre manos. Ya no se trata de conservar tal o cual espacio protegido o de desarrollar programas de educación ambiental, que también, sino de situar en la agenda política y en la esfera pública la inviabilidad de nuestro vigente modelo socioeconómico. Los límites biofísicos, el cambio climático o la crisis energética no son cuestiones negociables o discutibles, son una realidad con la que tenemos que lidiar. Cambiar ya no es una opción sino un imperativo, no hay nada más utópico que asumir que va a haber una continuidad sostenida en el tiempo de nuestro estilo de vida. Sigue leyendo

Alimentar el cambio desde la economía social.

1528719283_195172_1528748473_noticia_normal_recorte1Artículo publicado junto a Abel Estebán en EL PAIS.

Una metáfora que solemos usar para ilustrar lo que está sucediendo en torno a la defensa de los comedores escolares en nuestra geografía es la de Gulliver llegando como una amenaza a Lilliput, esa sociedad donde todo es doce veces más pequeño. Ante el riesgo que supone la irrupción de un gigante, las gentes de Lilliput se ven obligadas a cooperar activamente para contener la amenaza. Algo similar suponen las prácticas alternativas impulsadas por los movimientos agroecológicos y la economía social y solidaria (ESS) en decenas de colegios y escuelas infantiles, intensos procesos de cooperación que resisten al despliegue de un modelo de alimentación escolar perverso.

Las potencialidades de estos comedores, como espacios pedagógicos y transmisores de buenos hábitos alimentarios, se han ido erosionando según se profundizaba su percepción como un tremendo negocio que supera los dos mil millones de euros solo en España. Una dinámica que se da en el conjunto de Europa y que se podría sintetizar en la creciente externalización de su gestión; las dinámicas de concentración empresarial, pues las diez empresas más grandes acaparan cerca del 50% del mercado; o la tendencia a favorecer lo que se conoce como caterings de línea fría, donde colegios construidos sin cocinas (¡o con estas clausuradas!) recalientan menús procedentes de cocinas centrales que pueden estar a cientos de kilómetros.

Un modelo de escasa calidad gastronómica, que desincentiva el consumo de vegetales (una de las claves de una buena alimentación infantil), antidemocrático al limitar la capacidad de decisión y participación de las comunidades educativas, problemático en términos económicos pues favorece a los grandes actores a lo largo de toda la cadena alimentaria e indefendible en términos ambientales. Un malestar que llevó a la Confederación Estatal de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (CEAPA) a impulsar un grupo de trabajo a nivel estatal, donde confluyen con ONG, organizaciones ecologistas, cooperativas/organizaciones de la ESS y plataformas locales, para reclamar mejoras/defender unos comedores responsables (en lo educativo, lo ambiental, lo socioeconómico, etc). Sigue leyendo