Huertopía. La agricultura urbana y sus imaginarios en la ciencia ficción.

Artículo publicado en la Revista Ecología Política nº57

La agricultura urbana se ha convertido en un elemento estratégico para avanzar de forma práctica hacia una nueva cultura del territorio y abrir la discusión sobre la forma en que se van a alimentar las ciudades del futuro. Una actividad convertida en símbolo de las demandas de ecologizar y renaturalizar tanto los entornos urbanos como los imaginarios socioculturales. La huertopía (hortus y topos) reivindica que los huertos echen raíces en el corazón de las ciudades, ya sea en las descritas por la ciencia ficción o en las que habitamos.

Una ficción preocupada por echar raíces

Todo inicio tiene algo de arbitrario, pero podríamos empezar este recorrido recuperando la Utopía que escribió Thomas Moro en el siglo xvi, a caballo entre la desesperanza del inicio de los cercamientos de las tierras comunales y las ilusiones despertadas por el “descubrimiento del Nuevo Mundo”. Un relato crítico con su presente, que esbozó una sociedad alternativa en la que ciudad y campo se encontraban en armonía. En su obra, Moro contempló la necesidad de que todos los habitantes de estas ciudades autosuficientes conocieran de primera mano la actividad agraria: debían servir dos años trabajando en el campo, y contaban con huertos de autoconsumo en los patios de las viviendas urbanas para ejercer esta actividad de forma continuada a lo largo de su vida. Sigue leyendo

COVID-19 y la otra primavera silenciosa

Articulo publicado en EL DIARIO

El nacimiento formal del ecologismo suele fecharse simbólicamente en el año 1962, cuando la bióloga Rachel Carson escribió Primavera silenciosa , donde se alertaba de los peligros del DDT para la biodiversidad y la salud humana. El título aludía especialmente a la pérdida de aves por comer insectos contaminados, y el silencio que dejaba su ausencia en los campos. La publicación del libro inspiró una enorme movilización social, que logró que el Departamento de Agricultura revisara su política sobre pesticidas y el DDT fuera prohibido por la legislación de los EEUU.

A raíz de la emergencia sociosanitaria de la COVID-19 hemos vivido otra primavera silenciosa, donde se ha callado el ruido que hacemos los humanos. El estado de alarma y el confinamiento global han mantenido apagados los motores de millones de coches; se ha paralizado la actividad de cientos de miles de fábricas; aviones y cruceros se han quedado en tierra, las personas permanecemos recluidas en las casas, el consumo de objetos superfluos ha descendido significativamente… Sigue leyendo

¡Hasta la victoria, siembre!

 

Texto publicado en la revista CTXT

Imagina que las reservas de semillas para cultivar alimentos se han agotado porque mucha gente está montando espacios de cultivo en casa, que miles de agricultores urbanos están coordinándose mediante Internet para acompañar a toda una nueva oleada de hortelanos, que parte de los parques urbanos se destina a semilleros para que la población cultive alimentos, que aumenta exponencialmente la demanda de parcelas en las ciudades y municipios, que los huertos urbanos son concebidos como un servicio esencial y sus cosechas se derivan a la población más vulnerable, que las comunidades locales que los cultivan se suman a las redes vecinales de ayuda mutua… ¿Y si todo esto ya estuviera sucediendo pero resultara imperceptible?

La pandemia global y la agricultura urbana

En esta crisis los huertos urbanos han sido considerados servicios esenciales en muchos países, debido a que en muchos de ellos existe una tradición hortícola que, con altibajos, tiene más de un siglo de historia y, sobre todo, a que a lo largo del tiempo han demostrado su utilidad para garantizar la seguridad alimentaria de determinados grupos de población en contextos de crisis. De esta forma se está permitiendo el acceso siguiendo una normativa de uso adaptada al confinamiento, que  implica llevar mascarillas y guantes y limitar la presencia simultánea de personas para asegurar que se mantienen las distancias de seguridad. La principal justificación para que distintas autoridades políticas tomen estas decisiones se basa en el papel de complemento alimentario esencial que suponen para muchas familias vulnerables, así como el papel estratégico que pueden jugar en los próximos meses.

En ciudades canadienses como Victoria, el propio ayuntamiento ha reorganizado la actividad de los viveros y jardineros municipales para que se dé prioridad al cultivo de verduras de cara al verano.Un 20% de los recursos de departamento municipal de parques y jardines se han reorientado a lanzar una campaña para animar a la gente a cultivar alimentos en los jardines y azoteas, y muchos parques públicos se han reconvertido en espacios de cultivo de plantones que se regalarán a la ciudadanía a tales efectos. Una acción que se acompañará de la elaboración de manuales y tutoriales en video para jóvenes, adolescentes y adultos. El alcalde, preguntado por estas medidas, declaró que son “medidas extraordinarias para tiempos extraordinarios”. En otras ciudades, como Ottawa, los huertos comunitarios se han organizados para donar la producción al sistema de distribución de alimentos de emergencia. Sigue leyendo

Ecobarrios, municipios en transición e iniciativas comunitarias

Durante este periodo de confinamiento están proliferando las iniciativas comunitarias de ayuda mutua,  se está redescubriendo la importancia del lazo social, de lo colectivo y de las relaciones de proximidad. Un clima que conectamos en este video  con las alternativas ecosociales que vienen desarrollándose desde hace tiempo en esta escala local, analizando sus potencialidades y limitaciones.

Una ponencia realizada en el marco de las jornadas Ahora que vamos despacio: por un ecologismo social de emergencias:

Más ciencia ficción y menos spin doctors frente a la emergencia climática

Artículo publicado en EL DIARIO

Hubo un tiempo en que los spin doctors eran un popular grupo de música, no esas figuras que entre bambalinas se han apoderado de los partidos, que se han rendido ante estos consejeros, encargados de tomar decisiones clave que los dirigentes se encargan de escenificar. Los principios, los programas o las estrategias colectivas se han vuelto secundarias una vez que lo político se ha reducido por la dictadura del corto plazo, el tacticismo comunicativo y el marketing.

El especulador George Soros afirmaba que en economía financiera las inversiones a largo plazo eran cinco minutos; para los spin doctors, expertos en moverse bajo la presión de la actualidad y lo instantáneo, el largo plazo se limita a la publicación del próximo sondeo electoral. La política está en manos de estas personas, incapaces de definir estrategias para temas cuyo horizonte temporal de reflexión y actuación exceda lo coyuntural. Imposible ir más allá. Así que no resulta muy creíble, ni recomendable, que puedan hacerse cargo de una cuestión tan compleja, incómoda y multidimensional como la crisis ecológica.

La emergencia ecosocial nos exige otro tipo de liderazgos políticos (valientes, empáticos, didácticos, creíbles, compartidos…), pero también otras figuras de asesoría y acompañamiento, que sean capaces de comunicar la discontinuidad de este momento histórico, de anticipar escenarios de futuro, de ofrecer nuevos imaginarios y de saber otorgar protagonismo a la ciudadanía. Si los spin doctors son como el copiloto de un rally, que solo puede avisar de las siguientes curvas y la marcha con la que conviene abordarlas, lo que necesitamos se parecería más a alguien que escribiera ciencia ficción. Si lograr una transición justa hacia la sostenibilidad nos parece una marcianada ¿no tendría sentido abordarla de la mano de quienes realmente se han dedicado a imaginarla? Sigue leyendo

Territorios periféricos y transición ecosocial ¿Hacia nuevos nodos biorregionales?

Artículo publicado en la revista PAPELES.

Después de analizar la posición subalterna de las periferias urbanas respecto
a las grandes ciudades, el artículo examina las posibilidades de la biorregión
para reequilibrar las fracturas territoriales en el contexto de la crisis ecosocial.
El reto de encarar transiciones ecosociales supone pensar de forma alternativa
la organización y gestión de la ciudad y el territorio. Una premisa para
hacerlo es dejar de pensar desde los centros y al servicio de los centros, permitiendo
que las periferias pasen a primer plano.

  1. No hay centro para tanta periferia

La periferia se suele entender en relación a un centro, y generalmente como su negativo o su opuesto. También podemos visualizar la periferia como borde o límite, como la parte de un elemento o un sistema que nos permite percibir su dimensión completa.

Si pensamos en la ciudad, haciendo nuestra la consigna vecinal surgida de una de las periferias históricas madrileñas, el distrito de San Blas, podemos afirmar que no hay centro para tanta periferia. Asociamos al centro la esencia de la vida urbana, el espacio donde se concentran los usos más atractivos y los enclaves de mayor valor económico; la periferia en comparación sería la parte perdedora, donde se evidencia la desigualdad territorial urbana. Y sin embargo, estas periferias con todas sus carencias y vulnerabilidades, suelen ser un epicentro de creatividad social e innovaciones. La periferia es una microsociedad diversa, compleja, original, que dispone de un espacio particular, de una historia propia, y también de una cultura específica; se trata de una sociedad capaz de hacer, de decir, de pensar conforme a los rasgos de esta cultura original.1 Sigue leyendo

Resiliencia urbana, MARES y marejadas

Artículo publicado en EL DIARIO:

La ficticia independencia de las ciudades frente a los ecosistemas naturales en los que se sustentan, convierte los sistemas urbanos en los más vulnerables ante factores altamente desestabilizadores como la emergencia climática, la crisis energética o las consecuencias territoriales de la crisis socioeconómica (hiperespecialización productiva en sector servicios y turismo, segregación espacial, deterioro de servicios públicos, exclusión social, cambios demográficos…). Una fragilidad incómoda que suele ignorarse y que en entornos altamente artificializados no se percibe con facilidad.

Ante esta situación, se ha ido haciendo hueco la noción de resiliencia, entendida como la capacidad de adaptación y reorganización de un sistema ante perturbaciones y cambios severos, desarrollando nuevos modos de organización. Un concepto que proviene de la física de materiales y que mide la capacidad para sufrir presiones y volver a su estado original, como un muelle; que ha pasado por la psicología para analizar la capacidad de las personas para rehacerse a traumas y catástrofes; hasta llegar a usarse por la biología para hablar del funcionamiento de los ecosistemas ante fenómenos disruptivos o más recientemente por el urbanismo para pensar la inaplazable transformación de ciudades y ciudadanías. Sigue leyendo

Tender puentes con la desobediencia climática.

Artículo publicado en EL DIARIO.

El 17 de septiembre el Congreso aprobaba por unanimidad, salvo los negacionistas de Vox, el apoyo a la declaración de Emergencia Climática que tendrá que impulsar el próximo gobierno. Un acontecimiento que ha pasado sin pena ni gloria por nuestra acelerada actualidad mediática y ante el cual nos encontramos con sentimientos ambivalentes. La declaración es un éxito de los movimientos ecologistas, espoleados por las generaciones más jóvenes; a la vez que asistimos a un claro riesgo de banalización del concepto, de convertirlo en un significante que no denota la urgencia, la gravedad, el riesgo o la radicalidad de las transformaciones que conlleva tomársela en serio. La clave para evitar que la emergencia climática se convierta en algo sobre lo que todo el mundo está de acuerdo acríticamente, convirtiéndose en un cliché o en un concepto inoperante políticamente, pasa por llenarla de compromisos efectivos y de acciones tangibles .

Hay un cuento de José Saramago que narra la historia de unas termitas que excavan pequeñas galerías en la madera de la silla en la que se sentaba un dictador. Tras mucho esfuerzo y complejos cálculos logran que la pata de la silla se rompa, de forma que el dictador se golpee contra un pico y muera. La caída del dictador parecería fruto del azar y en los relatos oficiales del suceso nunca se reconocerá el anónimo, desinteresado y sacrificado esfuerzo de las termitas que han sido quienes han hecho posible el cambio.

Las históricas movilizaciones mundiales ligadas a la huelga climática del 27S, se han acompañado el 7 de octubre de una jornada internacional de protestas impulsadas desde Rebelión por el Clima 2020 y Extinction Rebellion. El pasado lunes centenares de termitas desobedientes bloqueamos un puente en el corazón de la ciudad de Madrid e iniciamos una acampada de unos días frente al Ministerio de Transición Ecológica, como una forma de mostrar la determinación de la ciudadanía en exigir acciones comprometidas a las instituciones. Sigue leyendo

De Riotinto a la Huelga Mundial por el clima del 27S

Artículo publicado en EL DIARIO

Corria el año 1888, las compañías mineras británicas llevaban quince años explotando las minas de Riotinto en Huelva, con un modelo de gestión autoritario y con enormes impactos ambientales para trabajadores y habitantes. Junto al malestar obrero organizado en los sindicatos se constituyó la Liga Antihumista, un grupo agroganadero de terratenientes que denunciaba las consecuencias que los gases tóxicos de la minería tenían para la salud de las personas, del ganado y de las tierras de cultivo.

Tras años de acumular agravios y desprecio la situación desembocó en una huelga general en las minas, a la que se sumaron las comunidades obreras y campesinas de la comarca. Las reivindicaciones de mejores condiciones de trabajo se vincularon a las de mejoras en la calidad de vida y contra la contaminación. El 4 de febrero en medio de un paro total se convocaba una manifestación que movilizó a miles de personas frente al Ayuntamiento de Riotinto. La respuesta fue una represión salvaje, el ejercito disparó contra la multitud causando más de un centenar de muertos.

Días después de la revuelta, la calcinación al aire libre del mineral que causaba las nubes tóxicas fue prohibida a través de un Real Decreto. Dos años después, en 1890 la Real Academia de Medicina concluíade forma fraudulenta que no había pruebas de un impacto negativo de los humos en la salud, los intereses de Rio Tinto Company Limited para que se retomara la actividad minera prevalecieron sobre el interés general de los habitantes. Sigue leyendo

Comunidades cooperativas en tiempos de catástrofes.

Artículo publicado en CTXT.

Al contrario de la ola polar que amenaza el futuro de los siete reinos de Juego de Tronos, la catástrofe que se avecina sobre nuestras sociedades es una crisis ecosocial, cuyo exponente más visible sería la emergencia climática y su verano perpetuo. Un escenario que nos garantiza que vamos a asistir a una creciente proliferación de desastres ambientales y shocks socioeconómicos; lo excepcional va a convertirse en parte de nuestra normalidad.

Estos acontecimientos singulares que por su dimensión o dramatismo interrumpen la normalidad, suelen inaugurar un periodo en el que se abren huecos para que sucedan fenómenos que días antes resultaban impensables o imposibles. En muchas de estas situaciones de emergencia se despliegan de forma espontánea comportamientos sociales basados en el altruismo y la generosidad. Episodios marcados por un fuerte protagonismo de la sociedad civil, donde se demuestra una alta capacidad de resiliencia y creatividad, pues frente a las catástrofes suelen oponerse altas dosis de empatía; surgen inesperados liderazgos anónimos y se reinventan mecanismos de solidaridad y ayuda mutua.

Rebecca Solnit ha estudiado varios de estos fenómenos espontáneos de solidaridad comunitaria (Gran incendio de San Francisco, terremoto de México DF, huracán Katryna en New Orleans, huracán Sandy en New York…) y los ha bautizado como paraísos construidos en el infierno. Situaciones donde la cotidianeidad se ha quebrado y resulta obligatorio recrear condiciones inmediatas para la supervivencia. Esto se logra mediante estrategias de salvación colectivas, que generan nuevas formas de sociabilidad, fomentan el sentido de pertenencia compartida y un sentido de compromiso individual, a través de tareas que generan una sensación de bienestar a quienes las ejecutan, por arriesgadas, sacrificadas o tediosas que sean. Una nueva cotidianeidad que se hace cargo de la fragilidad de la vida y su cuidado como prioridad, que premia comportamientos altruistas, cooperativos  o colaborativos.

Esto se traduce en la capacidad para redefinir las prioridades y escalas de valores: como poner la vida por encima de la propiedad o la necesidad sobre lógicas legales o cálculos de mercado; en la imposición de protocolos para compartir de formas socialmente justas recursos escasos como el agua, los alimentos o las medicinas; la preocupación y el cuidado por los extraños en hospitales de campaña, cocinas colectivas o albergues improvisados. Un despliegue de inéditas dinámicas comunitarias, pues según Solnit los desastres son algunas veces una puerta trasera al paraíso, hacemos lo que deseamos y tenemos la posibilidad de cuidar de nuestros hermanos y hermanas. Los desastres ofrecen una liberación temporal de las preocupaciones, inhibiciones y ansiedades asociadas con el pasado y el futuro porque fuerzan a concentrar la atención total en el momento inmediato, resolver las necesidades diarias sin los condicionantes de la vida cotidiana. Sigue leyendo