Propuestas, iniciativas y experiencias para alimentar el Pacto de Milán

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La adhesión al Pacto de Políticas Alimentarias Urbanas de Milán de una veintena de ciudades en el Estado español ha generado cierta expectación en ver cómo se materializan los compromisos adoptados. Existen numerosas experiencias en el ámbito estatal e internacional, que pueden servir de referencia para identificar claves de acción, barreras y retos para lograr un salto de escala en las alternativas agroecológicas y propiciar la transición hacia un sistema agroalimentario local más justo y sostenible.

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Artículo publicado en el nº 139, titulado La alimentación en disputa, de la revista PAPELES de relaciones ecosociales y cambio global.

El texto completo del artículo puede descargarse AQUÍ.

 

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Si la interdependencia y la cooperación son la pregunta ¿el Ministerio de la Soledad es la respuesta?

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Artículo publicado en EL DIARIO.

Hace unas semanas acogíamos sorprendidos la idea del Reino Unido de crear un Ministerio de la Soledad, un problema calificado oficialmente en este país como “epidemia social” al afectar a más de nueve millones de británicos, de los cuales dos millones serían personas mayores de 75 años. Una medida que sirve para situar en la esfera pública una problemática a la que no se ha ofrecido la suficiente atención. No hay muchos detalles del Plan de Acción, pero o se elabora con mucha sensibilidad y cuidado, o se corre el riesgo de de que la transmisión de cariño, la construcción de confianza y la activación comunitaria sean responsabilidad de una institución con peligrosas tendencias burocráticas.

En la preocupación creciente por la soledad no deseada confluyen cuestiones demográficas, ligadas al envejecimiento creciente de las sociedades enriquecidas; económicas, pues los costes de la soledad asociados a sanidad y servicios públicos han sido estimados según la London School of Económics en 6.000 libras por persona cada diez años; y culturales, asociadas principalmente al auge del individualismo y de una ficticia independencia del resto de las personas a la hora de desarrollar nuestros proyectos vitales. El aislamiento social y el sueño de la emancipación individualista son las inseparables caras de una misma moneda.

Y aunque toda fecha de inicio tiene algo de arbitrario, podríamos situar el nacimiento del sueño de emancipación vinculado al individualismo en el año 1972, cuando el gobierno socialdemócrata de Olof Palme publicaba en Suecia el manifiesto titulado “La familia del futuro: una política socialista para la familia”. Un texto donde se presentaban las bases para una liberación de la mujer y la promoción de una noción radical de independencia, por la que todas las personas debían disfrutar de la libertad para elegir las relaciones sociales que querían disfrutar. El apoyo de un Estado del Bienestar fuerte debía garantizar el pleno desarrollo de los proyectos vitales, ofreciendo la posibilidad de descartar cualquier vínculo no deseado.

Sin negar la feminización de las tareas de cuidado o lo opresivas que pueden resultar las estructuras familiares convencionales, la transformadora y bienintencionada apuesta socialdemócrata ha devenido funcional al despliegue de los valores neoliberales que se activarían en la década siguiente. La emancipación no ha llegado de la mano de la pérdida de relevancia de las estructuras colectivas y asociativas, o del desgaste de los vínculos familiares, indudablemente susceptibles de democratización pero fuente muchas veces infravalorada de solidaridad y preocupación por lo común.

Cuarenta años después las estadísticas de Suecia revelan que más de la mitad de su población vive sola y el 25% de la gente muere sola sin que nadie reclame siquiera su cuerpo. Los efectos sociales perversos derivados de este aumento del individualismo han sido narrados de forma provocadora en el documental de Erik Gandini, La Teoría Sueca del amor. Suecia no es tanto una anomalía como una avanzadilla y simboliza una tendencia generalizada, pues seg ún datos del INE de 2016 en nuestra sociedad los hogares donde las personas viven solas sin compañía representan un 25,2% del total, y son el tipo de hogar que más crece. Vivir solo no necesariamente implica vivir aislado o sentirse en soledad, pero es un indicador relevante de una tendencia social, como también lo es la necesidad de proyectos como La Escalera, orientados a recuperar dinámicas convivenciales, que antes surgían de forma espontánea en una comunidad de vecinos. Sigue leyendo

Madrid’s Community Gardens. Where neighbourhood counter-powers put down roots.

PERISCOPIO-124_620x620Artículo en ingles publicado por el Transnational Institute en su publicación State of Power 2018. Escrito en colaboración Nuria del Viso.

The main feature of power is that it inevitably creates resistance, a process Foucault studied in detail. There are no harmonious societies. Conflicts of interest between different social groups have been a constant throughout history, and are probably the main driver of social change. Counter-power emerged as a means of collective action whereby the injustices suffered by subordinate or oppressed social groups become politicized, either in the form of silent rebellions that remain latent in everyday life or through challenges that are publicly and openly declared.

The forms this collective action takes have varied over time, due to factors such as technological developments, cultural changes or socio-institutional processes. The idea of counter-power has always been ambivalent: on the one hand, it is defined negatively by its capacity to say NO and prevent the hegemonic elites from carrying out their agenda; on the other, it transmits an assertive strength, a capacity to say YES and deploy new sensibilities, desires, ways of organizing and alternative lifestyles. Destituent and constituent power are two sides of the same coin. Sigue leyendo

Ciudad y azada se escriben en femenino. Agricultura urbana, ecofeminismo y soberanía alimentaria en la ciudad.

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A continuación compartimos nuestro capítulo publicado en el libro LA CIUDAD AGRARIA. AGRICULTURA URBANA Y SOBERANÍA ALIMENTARIA, coordinado por Guillem Tendero y editado por Icaria.

1 Ecofeminismo y soberanía alimentaria entre edificios.

“Dado que la división del trabajo ha dejado la economía del sustento en manos, fundamentalmente, de las mujeres, éstas generan, sostienen y regeneran la vida. Las instituciones patriarcales globales, sin embargo, funcionan como desencadenantes de muerte y destrucción en su empeño por apropiarse de la vida y mercantilizarla. Los temas son viejos; los instrumentos, sin embargo, son nuevos. Los paradigmas son viejos; los proyectos, nuevos. El ansia patriarcal por controlarlo y poseerlo todo es vieja; sus expresiones son nuevas. La lucha ecologista y feminista por proteger la vida es ya antigua; el contexto de la economía globalizada es novedoso. Lo que está en juego en esta contienda épica de nuestro tiempo es la posibilidad de seguir vivos.” Vandana Shiva

Las sociedades industrializadas se encuentran en una deriva que cada vez las ha ido alejando más, de forma literal y simbólica, de la naturaleza. Encerrados en ciudades crecientemente artificializadas somos incapaces de percibir los impactos ambientales que provoca nuestro estilo de vida y la vulnerabilidad socioecológica que está generando. En este contexto el ecologismo tiene como objetivo reintroducir en la esfera pública y en la agenda política el hecho de que estamos rebasando los límites biofísicos del planeta, debido a una presión extractivista que no respeta los ciclos naturales, y que agota y degrada los recursos (crisis energética, contaminación, acceso al agua…), y la evidencia de que el sustento de la vida se encuentra estrechamente ligado a un aprovechamiento renovable de los bienes y servicios que nos prestan los ecosistemas (regulación hídrica y climática, polinización, provisión de alimentos y materias primas…).

El movimiento ecologista lleva décadas afirmando que somos ecodependientes, lo que quiere decir que extraemos de la naturaleza los recursos que nos permiten sostener nuestra vida. A largo plazo cualquier idea de buena vida debe garantizar la reproducción de los ecosistemas naturales de los que depende, sin ellos no hay modelo socioeconómico perdurable en el tiempo. La economía convencional suele obviar, por deformación profesional o por calculado interés, esta simple verdad sin la cual la vida sobre el planeta no resulta técnicamente viable. Sigue leyendo

¿Y si la alternativa a los supermercados fuesen los supermercados cooperativos?

Artículo publicado en EL DIARIO.

014520.jpg-r_1280_720-f_jpg-q_x-xxyxxEl primer supermercado que se construyó en nuestra geografía tuvo su ubicación en la Feria de Muestras de Barcelona de 1959, cuando el pabellón de Estados Unidos decidió instalar la réplica exacta de uno de los que funcionaban en cualquier gran ciudad americana. Imaginar una sociedad marcada por la pobreza, y que a duras penas iba saliendo del periodo de autarquía, ante esta apología del consumismo. Un espectáculo digno de ciencia ficción, que presentó públicamente al supermercado como símbolo de modernidad y progreso. Una aspiración que varias décadas después estaba conseguida, con su plena incorporación al paisaje urbano.

Proximidad, libertad de elección, comodidad y ahorro de tiempo al comprar todo en un mismo establecimiento, ofertas recurrentes, marcas blancas que vendían calidad y abarataban el precio… ideas que racionalizaron el cambio de hábitos de la mayor parte de la población. No era una conspiración secreta, los supermercados triunfaron porque facilitaban la vida a la gente, eran cómodos, tenían horarios ininterrumpidos y permitían el acceso asequible a una amplia gama de productos. Y lo que es más importante, invisibilizaban sus impactos negativos sobre los barrios, la economía y el medio ambiente.

Mientras Alaska y los Pegamoides cantaban entre risas aquello de Terror en el hipermercado, los primeros movimientos ecologistas empezaban a denunciar la verdadera historia de horror que iba a suponer este proceso: la pérdida de diversidad en el pequeño comercio de barrio y la deriva de los supermercados hacia grandes corporaciones, el fomento del consumismo y la capacidad de control que ejercían sobre productores y consumidores. Desconfianzas contraculturales, que junto a los inicios de la agricutura ecológica, impulsaron la puesta en marcha de las primeras cooperativas de consumo de productos ecológicos y las primeras experiencias de comercio justo.

Hoy sabemos que muchas de esas críticas a los supermercados fueron visionarias. Recientemente Amigos de la Tierra presentaba AGRIFOOD ATLAS, informe que sintetiza una exhaustiva investigación donde muestran cómo la producción de alimentos en el mundo está monopolizada por cada vez menos empresas, y cada vez más grandes, a lo largo de toda la cadena alimentaria. Unas pinceladas: casi la mitad de la comida que se vende en la Unión Europea viene de solo 10 cadenas de supermercados, apenas 50 industrias se llevan la mitad de las ventas de comida en el mundo… Perversa dinámica que concentra el poder de la cadena alimentaria en muy pocas manos. Sigue leyendo

Cultivando relaciones sociales. Lo común y lo “comunitario” a través de la experiencia de dos huertos urbanos de Madrid.

541096_480737768627373_1550137616_nUna investigación etnográfica que se centra en los huertos urbanos comunitarios con el objetivo de examinar en qué consiste su dimensión comunitaria y analizar de qué maneras se expresa. Para ello, el artículo aborda estas cuestiones desde un punto de vista socioespacial explorando las formas de producción de comunidad a través de la organización, relaciones, prácticas y discursos de los participantes. Se aborda la relación y apropiación del espacio urbano, produciendo lugar como un modo de construir comunidad. La comunidad resultante presenta algunos rasgos particulares, como la revalorización de la categoría de proximidad al tiempo que se desarrollan los lazos translocales, o la diversificación de formas de participación, que incluye formatos tanto presenciales como virtuales. El texto es un doble caso de estudio y comparación en dos huertos urbanos comunitarios de Madrid.

Descargar el artículo de la Revista de Antropología Social: AQUÍ.