Experimentando otras economías. Una panorámica de las prácticas alternativas de consumo.

1471127_721692047881879_859878504_n

Texto publicado en la Revista PAPELES

Durante la época más temprana de mi vida me tranquilizaban diciéndome que el nuestro era el país más rico del mundo, hasta que descubrí que lo que yo entendía por riqueza era el aprendizaje y la belleza, la música y el arte, el café y las tortillas; quizás en los días de pobreza que se avecinan haya más de todo esto…”. W. R. Lethaby.

La experiencia histórica nos sugiere que los regimenes pueden sufrir cambios radicales, y cuando la transformación sucede tiende a empezar en y desde una red de organizaciones, tecnologías y usuarios pioneros que formaban un nicho en los márgenes del sistema mayoritario”. G. Seyfang. Y A. Smith.

La crisis económica ha trastocado el imaginario hegemónico de la sociedad de consumo y por sus grietas han ido ganando visibilidad una amplia constelación de prácticas alternativas. Este texto nos ofrece una panorámica de las principales dinámicas, apunta las resonancias que sedan entre ellas y apunta las potencialidades que encierran de cara al futuro.

Profundizar la descolonización del imaginario de la sociedad de consumo.

Todo orden social busca proyectarse en el tiempo, que su continuidad sea percibida como una obviedad sobre la que resulta superfluo interrogarse. La cultura en la que nos socializamos sustenta las relaciones sociales dominantes al naturalizarlas, al producir consensos que devienen certezas. Los hábitos, los valores, las expectativas o los estilos de vida se encuentran mediados por esta inercia cultural heredada de la sociedad de consumo y de varias décadas de neoliberalismo.

Individualismo exacerbado, fragilidad de los vínculos sociales o territoriales, búsqueda del interés personal a partir de la competencia, bienestar sustentado en la inmediatez y el cortoplazismo, disociación entre nuestros actos y las consecuencias que se derivan de los mismos, interiorizar el mercado y el dinero como mediadores necesarios para satisfacer nuestras necesidades, normalizar las desigualdades sociales, disponer de una noción de solidaridad restringida a grupos primarios… conforman el sustrato cultural hegemónico en el que nos hemos socializado. Un imaginario cuyos relatos sobre la crisis minimizan el artificio humano del sistema socioeconómico, presentándola de forma que sus metáforas la naturalicen (tsunami, huracán financiero, tormenta perfecta, sequía crediticia…) o como una mala enfermedad que nos toca padecer (activos tóxicos, contagios, metástasis…)1.

Una retórica unidimensional de la crisis que invisibiliza su carácter civilizatorio al ignorar y desconectar la crisis económica de otros factores como el Pico del Petróleo, el cambio climático, el desborde de la biocapacidad del planeta, la erosión de los sistemas democráticos o la crisis de cuidados. El exceso de ideología que ciega los diagnósticos sobre la crisis ha encontrado su traducción práctica en las políticas de austeridad (privatizaciones, precarización, desmontaje de los servicios públicos y los sistemas de protección social, desregulación del derecho laboral…), que en un acelerado proceso de empobrecimiento colectivo nos encaminan hacia sociedades de consumo de baja intensidad. Una reducción forzada y no intencional del sobreconsumo que deviene especialmente frustrante debido a una ausencia significativa de imaginarios alternativos.

Desde el ecologismo social se lleva décadas impulsando procesos de pedagogía social basados en una producción teórica propia, rigurosos argumentarios donde confluyen saberes científicos y activistas, actividades de sensibilización que arrancaron en la educación no formal hasta terminar impregnando todos los estratos de la educación formal, o entendiendo la propia movilización social como un elemento indispensable a la hora de activar, ensanchar o complejizar los debates sobre cuestiones ambientales. Una dinámica que se ha conjugado con la puesta en marcha de alternativas concretas, prácticas y viables que pudieran servir de referencia práctica, aunque fuera a pequeña escala.

Teorías y prácticas críticas que venían proliferando lentamente en los márgenes de la sociedad de consumo durante las últimas décadas, avanzando de forma subterránea e imperceptible para la cultura dominante y que han terminado saltando a la esfera pública de la mano del estallido de la crisis económica. Las prácticas de consumo alternativo han ganando protagonismo debido a los acelerados y extensos procesos de politización que se han derivado del acontecimiento 15M, a la vez que se han visto emplazadas a reacomodarse en un contexto en el que se han profundizado las desigualdades sociales y se ha situado a miles de personas en situación de extrema vulnerabilidad.

El imaginario de la sociedad de consumo no se ha quebrado fruto de un cambio cultural intencional, sino por la propia inviabilidad del sistema y la imposibilidad de responder a las expectativas crecientes de consumo que genera. En medio de la incertidumbre, confusión y desengaño provocados por la crisis conviven la nostalgia de quienes anhelan volver al pasado reciente y las crecientes aspiraciones de repensar radicalmente nuestros estilos de vida. La urgencia y dramatismo de la actualidad emplaza a estos últimos a enfatizar en sus propuestas la indisociable vinculación entre sostenibilidad social y ambiental, para no terminar siendo percibidos como bienintencionados ejercicios de elitismo.

La dificultad de percibir simultáneamente la constelación y las estrellas.

Las prácticas alternativas de consumo serían estrategias colectivas que resuelven necesidades o permiten el acceso a bienes y servicios de manera diferenciada. Experiencias que devienen ejemplarizantes, seductoras y posibilitan que la población se involucrare desde la vida cotidiana en procesos de cambio; por lo que simultáneamente delinean el estilo de vida al que aspiran y denuncian las convenciones dominantes. Estas prácticas son híbridos de la tradición y de la innovación, por un lado reactualizan el repertorio de instituciones sociales y dinámicas que han sido exitosas en el pasado (de los bienes comunes, a los gremios y cofradías, pasando por el cooperativismo o las mutualidades obreras…), y, por otro lado, incorporan las transformaciones tecnológicas, científicas, culturales y socioeconómicas de nuestro tiempo.

El consumo desde este prisma deja de ser una acción individual para convertirse en algo colectivo, trascendiendo el acto de comprar para apuntar hacia la conformación de estilos de vida. Estas experiencias alternativas permiten reagrupar personas reduciendo los impactos socioambientales, aunque cuantitativamente su incidencia sea todavía muy limitada vemos como en términos cualitativos condensan un altísimo potencial transformador. Los principales aportes de estas prácticas comunitarias pasarían por su capacidad para insertarse en la vida cotidiana, reducir la sensación de coste o esfuerzo al implicarse, generar conocimientos que conectan las dinámicas locales y globales, reconstruir vínculos sociales, construir habilidades y capacidades para abordar otros retos, establecer responsabilidad comunitaria a largo plazo o reducir el rechazo hacia los temas ambientales2.

Las prácticas que hemos seleccionado para realizar esta panorámica conformarían una suerte de constelación, que como las agrupaciones de estrellas próximas son fruto de una convención social que nos ayuda a mirarlas. El conjunto de prácticas elegido nos permite hacernos una idea de las principales dinámicas que están interactuando en el campo del consumo alternativo.

  • Alimentación

Grupos de consumo autogestionados: Colectivos de personas que se reúnen para organizar conjuntamente la compra de alimentos ecológicos directamente a productores de proximidad. Una dinámica que permite activar en entornos urbanos los denominados Circuitos Cortos de Comercialización (CCC), que funcionan atendiendo al equilibrio entre las demandas/necesidades de productores y consumidores, contrarrestando el poder que monopolizan las grandes distribuidoras.

Iniciativas que garantizan ingresos constantes a los productores favoreciendo la viabilidad económica y la dignificación del mundo rural, agrupan a consumidores sensibilizados que podrían considerar exclusivos estos productos, reducen la distancia física y simbólica entre productores y consumidores. Además de un beneficio económico y ambiental, están permitiendo la dinamización y renovación de los tejidos asociativos, llegando a involucrar de forma permanente en nuestra geografía a decenas de miles de personas3. Actualmente los grupos de consumo acceden a una pluralidad muy amplia de productos (hortícolas, lácteos, carne, pescado, pan, cosméticos, aceites, conservas…) y muchos de ellos van adquiriendo formas muy eficientes de funcionamiento, convirtiéndose en alternativas reales de consumo. Dinámicas que encuentran sus limitaciones al requerir de cambios en los hábitos de consumo (planificación, dedicar tiempo a la dimensión participativa…) o en sus dificultades para aumentar de escala.

Huertos Urbanos: Una inquietud creciente por la agricultura recorre las ciudades traduciéndose en la puesta en marcha de espacios de cultivo ligados al autoconsumo de verduras y hortalizas. Motivaciones muy diversas (relacionales, ambientales, agronómicas, desafección alimentaria4…) confluyen a la hora de impulsar esta multiplicidad de iniciativas, que van desde el cultivo privado en terrazas, las políticas municipales de huertos de ocio familiares, los huertos comunitarios que recuperan zonas abandonadas para convertirlas en jardines comestibles enfatizando la dimensión social de la horticultura, experiencias de explotación colectiva de fincas periurbanas… .

Una efervescencia provocada por la intensa actividad de las comunidades locales que están presionando para que la agricultura deje de ser un elemento anecdótico a la hora de diseñar y configurar los asentamientos urbanos. Los huertos comunitarios o el voluntariado ciudadano de proyectos como Increíbles y Comestibles5 ven en estas actividades una propuesta política para mejorar la calidad de vida en las ciudades, devolviéndolas una escala más humana y haciéndolas más resilientes ante desafíos como la crisis energética o el cambio climático.

Movimiento Slowfood: Fundado en 1986 por el periodista y gastrónomo italiano Carlo Petrini, como una forma de resistir a la aceleración vital y la homogeneización cultural mediante la revalorización de las culturas gastronómicas locales (variedades locales y biodiversidad, cultivos y recetas tradicionales, vinculación entre restauración y patrimonio territorial, programas educativos, promoción de circuitos cortos de comercialización, mercados de productores locales…). Tras más de treinta y cinco años de andadura, actualmente se encuentra implantado en 153 países y cuenta con más de cien mil personas asociadas. Un movimiento que desde la cultura gastronómica ha evolucionado hacia la promoción de los presupuestos de la soberanía alimentaria, evidenciando que en los tiempos actuales comer es un acto político.

Una dinámica que ha tenido su adaptación al urbanismo mediante la creación de Cittaslow, una red de ciudades por la calidad de vida, que traduce a las políticas urbanas los principios del slow. Ciudades menores de 50.000 habitantes, que se comprometen a hacer un ordenamiento territorial inspirado en la sostenibilidad urbana, la recuperación del patrimonio agrario y ganadero tradicional, facilitar relación entre productores y consumidores… . Un movimiento cuya filosofía simboliza como la calidad de vida, la sostenibilidad y los manejos alternativos del tiempo se dan la mano.

Restauración colectiva ecológica: Estas iniciativas consisten en insertar de forma progresiva los principios y productos agroecológicos en las cocinas y comedores colectivos. Una apuesta por devolver al plato alimentos con mayor sabor, valor nutritivo, garantías para la salud y menores impactos ambientales. Las experiencias de políticas públicas más innovadoras al respecto serían los comedores escolares ecológicos donde se sustituyen los alimentos convencionales, en consenso con las familias y equipos de cocina, sin que varíe sustancialmente el precio de los menús. Realizando además una activa tarea de sensibilización, promoción de hábitos saludables y sostenibles, ayudando a recuperar entre el alumnado una erosionada cultura alimentaria. Desde lo privado destacaría la red de restaurantes “kilometro 0”, que impulsada por cocineros vinculados al movimiento slowfood promueven el uso en hostelería de alimentos producidas en entornos próximos y compradas directamente a los agricultores, menús de temporada, variedades locales… .

Comedores sociales autogestionados: La organización de comunidades locales para garantizar la seguridad alimentaria de grupos de población especialmente castigados por la crisis económica. De forma pionera han ido apareciendo en algunos barrios comedores gestionados por entidades ciudadanas que organizan a las familias afectadas de forma que se encarguen de la logística y los suministros, la cocina y la limpieza. Iniciativas que combinan la respuesta inmediata ante situaciones de necesidad con la construcción de tejido social y la actividad de denuncia. Comedores que se sostienen por la solidaridad y no por la caridad, donde se promueve el protagonismo y no la pasividad de las personas involucradas.

De momento hay pocas iniciativas, entre las que destaca de forma pionera Er Banco Gueno del malagueño barrio de Palma-Palmilla, ubicada en una oficina bancaria abandonada que fue ocupada para instalar el proyecto en su interior, da de comer a cerca de 200 personas diariamente. Una propuesta inspiradora que dadas las circunstancias se encuentra en la cabeza de mucha más gente y que con toda seguridad no va a tardar en replicarse en otras ciudades y barrios.

Movimiento Freegan: Un provocador movimiento que desde una dimensión activista denuncia el despilfarro de comida en buen estado y el sobreconsumo de nuestras sociedades. Para ello se organizan para alimentarse hasta en un 80% de comida recuperada de contenedores, sobras de restaurantes o tiendas, especialmente panaderías. Los freegans además de alimentarse cotidianamente, trasladan el debate a la esfera pública mediante catas y comidas populares de productos rescatados, lo que les ha permitido gozar de mucho eco mediático.

  • Movilidad

Vamos a pedales: Impulso de los movimientos sociales urbanos al uso de la bicicleta, visibilizado principalmente mediante la proliferación de masas críticas6 en muchas ciudades. Una dinámica que ha servido para vertebrar y organizar al colectivo de ciclistas urbanos, cuyo siguiente paso ha sido constituir los talleres sociales de reparación de bicicletas, espacios de encuentro y transmisión de conocimientos sobre como reparar bicis, recuperar piezas o construir Frikicicletas (tandems, bicis raras, remolques…), así como lugares donde facilitar el acceso a bicis de préstamo. Una promoción del ciclismo urbano al que algunas redes y entidades han incorporado dinámicas de apoyo mutuo, que se traducen en sesiones de iniciación y rutas de acompañamiento a ciclistas noveles para que pierdan el miedo a moverse por la jungla de asfalto.

Este crecimiento de la movilidad ciclista ha posibilitado que en los últimos años se multipliquen políticas públicas a favor de la bicicleta: construcción de carriles bici, tímidos avances en la intermodalidad para combinar la bicicleta con el transporte público, la puesta en marcha de redes municipales de bicicletas compartidas o bicibuses escolares que van recogiendo al alumnado por rutas para facilitar su traslado en bici al colegio. Un auge que ha dado pie a la creación de empresas especializadas en el uso y promoción de la bicicleta urbana, tiendas que más allá de vender productos ofrecen rutas, bicis de alquiler… o mensajerías ciclistas.

Paso a paso: El crecimiento y coordinación del asociacionismo peatonal, que vela por los intereses de la gente que camina en la planificación urbana y en la gestión de las calles, ha ido desarrollándose en nuestra geografía hasta consolidarse en una agrupación de ámbito estatal llamada Foro Andando. Un movimiento necesario que busca devolver prestigio social y cultural a esta forma de desplazarse, recuperando el espacio público como espacio de encuentro, paseo, conversación y juego. Una dinámica que también se encuentra expresada en los múltiples paseos colectivos y gratuitos organizados por entidades vecinales7 como formas de ocio, de puesta en valor del patrimonio material e inmaterial de los barrios, de reconstruir historias locales o de denunciar determinadas cuestiones.

Car Sharing: Aunque somos conscientes de que cualquier alternativa rigurosa de movilidad sostenible pasa por minimizar de forma radical la movilidad en automóvil privado, puede resultar necesario movernos ocasionalmente en coche privado. Disfrutar de los coches compartidos históricamente pasaba por el acuerdo informal entre amigos, que se organizaban para disponer colectivamente de un automóvil y compartir los gastos derivados de su uso, o de iniciativas sociales en Internet como Blablacar, que contactan conductores con asientos libres y personas que busquen viaje para ahorrar costes y hacer más eficientes los desplazamientos en automóvil.

Actualmente algunas empresas y entidades sociales han implantado una red de establecimientos para socios donde se puede acceder a un automóvil de uso ocasional. El funcionamiento es sencillo: te haces socio, llamas para reservar, acudes al punto más cercano y se te cobra por horas de uso y kilometraje. Esto supone un ahorro de dinero considerable, resuelve la necesidad de usos ocasionales de automóviles especiales o furgonetas, permite usar sin ser propietario por conciencia medioambiental o por evitar sus implicaciones (mantenimiento, aparcamiento…). Una práctica en expansión, tanto que una ciudad como Paris le ha dado una dimensión de servicio público municipal a esta ambiciosa iniciativa, Autolib. Siguiendo el ejemplo del sistema de préstamo de bicicletas, actualmente hay una flota de 1.800 coches eléctricos dispersos en 650 puntos de estacionamiento de la ciudad. Cualquier persona socia puede alquilar uno de esos coches para realizar un itinerario dejándolo en cualquier otro estacionamiento de la red. Una apuesta por desplazar al automóvil de anfitrión a invitado en nuestras ciudades, consiguiendo incidir en los patrones de movilidad al ofertar una forma alternativa para usar ocasionalmente un coche (excursión, mudanza, visita…) sin que por ello afloren todas nuestras contradicciones sobre la crisis energética y climática.

  • Bienes y servicios desmercantilizados

Tiendas gratis y Gratiferias: Locales gestionados de forma voluntaria donde todos los objetos se encuentran a disposición de la gente de forma gratuita, pudiendo coger aquellas cosas que nos interesen sin ningún coste económico o contraprestación. Una forma de devolver el valor de uso a objetos que han dejado de tener utilidad para sus propietarios, generalmente es factible encontrar una amplia variedad de libros, ropa, muebles o utensilios domésticos. Estas anómalas tiendas inspiradas por una suerte de economía del don reactualizada fueron concebidas como una forma práctica de denunciar el consumismo de nuestras sociedades, comenzaron a instalarse en Alemania a finales de los años noventa para terminar extendiéndose por todas las grandes ciudades. Una variante al aire libre de las tiendas gratis son las gratiferias que se realizan en muchas ciudades, ferias desarrolladas en espacios públicos donde todo es gratis. En Internet hay diversas iniciativas que siguen la misma lógica de facilitar el acceso de forma gratuita a objetos que terceras personas quieren deshacerse de ellos, una de las más relevantes es nolotiro.com.

Cambiar las cosas mediante el trueque: Mercadillos puntuales o periódicos que permiten intercambiar objetos entre las personas que asisten, se orientan por la reciprocidad intersubjetiva en los intercambios. Aunque la satisfacción de necesidades que puede resolver es escasa, su principal valor es la forma en que las personas que intercambian consensúan el valor de los objetos, mostrando la variedad de criterios de valoración que pueden darse sin que exista un patrón equivalente general para todos los objetos como el dinero, lo que sucede cuando hay objetos de calidad en estos intercambios. En nuestra geografía el boom de estas iniciativas se encontraría vinculado a asambleas ligadas al 15M, por lo que los mercadillos se realizan en espacios públicos y tienen también una vocación de convertirse en espacios de encuentro vecinal.

Bancos de tiempo: Iniciativas orientadas a facilitar el intercambio de servicios entre particulares, tomando como unidad de referencia el tiempo dedicado a realizar un trabajo. El saldo de horas disponible depende de la diferencia entre tiempo que dedicamos a dar servicios a otras personas y el que nos dedican. Una dinámica que facilita la interacción social y la puesta en marcha de redes de autoayuda vecinal sin mediación del dinero. La principal singularidad de los bancos de tiempo es que todo el tiempo es considerado igual de valioso, al margen de que se encuentre o no remunerado en el mercado. El buen funcionamiento de los bancos depende de la diversidad de servicios que puedan ofrecerse, cuanta mayor cantidad de necesidades logren solucionarse más funcional será para sus integrantes. Algunas de estas iniciativas se complementan con monedas sociales que permiten comprar y vender productos en el seno de las mismas redes.

La primera iniciativa data de 1827, cuando el anarquista Josiah Warren constituye en la ciudad de Cincinatti la primera Tienda del Tiempo que sienta las bases de este modelo de intercambio de trabajo por trabajo, aplicado incluso a los bienes que se vendían pues su precio dependía de las horas de trabajo que implicara producirlos. Otras muchas experiencias mutualistas fueron impulsadas por el movimiento obrero y reactualizadas durante los años setenta, dinámicas cuya dimensión de alternativa económica ha ido quedando restringida para el uso de los movimientos sociales alternativos y de las que se ha ido popularizando su faceta más social, llegando incluso a lanzarse desde muchos ayuntamientos políticas públicas municipales de bancos de tiempo.

Las situaciones de crisis potencian la reaparición o difusión de este tipo de iniciativas que recuperan su valor como alternativa económica cuando se dan graves disfunciones de la economía convencional8. Muchas de las iniciativas que funcionan en nuestra geografía se han constituido con posterioridad al estallido de la crisis financiera, superándose actualmente las trescientas9, con un patrón de crecimiento tan acelerado que ha llamado la atención hasta del propio Wall Street Journal10. Bancos a escala humana que no hablan de dinero y deudas, sino que centran su interés en reconstruir el lazo social mediante el estimulo de relaciones de reciprocidad que sirven para satisfacer determinadas necesidades de forma colectiva.

Consumo colaborativo: La sociedad de consumo se sustenta sobre la inducción (política, económica, publicitaria…) de que la posesión o el uso exclusivo de objetos es la única forma de satisfacer nuestras necesidades materiales e inmateriales. Una apología del consumo masivo funcional al sistema de producción capitalista que debe crecer ilimitadamente. La primera crisis de la sociedad de consumo la impulsó la contracultura de los años 70, que desafiaba la standarización y la homogeneización cultural, obligando a la industria a diversificarse y ofrecer la una pluralidad estilos de vida que permitieran a cada persona individualizarse y expresar su singularidad mediante el consumo. De un tiempo a esta parte se está expandiendo una subcultura basada en el compartir, más centrada en garantizar el acceso a los bienes y servicios de forma comunitaria que a incitar a la propiedad individual.

La seguridad de que vas a poder acceder a determinado objeto cuando lo demandes desplaza la propensión a poseerlo, la clave está en conformar protocolos organizativos para que las diversas comunidades de usuarios/proveedores puedan garantizarlo. Una dinámica que se basa en la confianza y el prestigio que la propia comunidad otorga, si engañas u ofreces mala calidad serás mal evaluado y nadie querrá relacionarse contigo. Siguiendo el lema lo que es mío es tuyo se está produciendo una mutación cultural, que se ejemplifica en las miles de comunidades que abordan multitud de temáticas, tanto a escala local como global.

La referencia de habla hispana sería el portal consumocolaborativo.com que se dedica a divulgar muchas de estas iniciativas y a promover esta forma de consumo. Las iniciativas irían desde la comunidad de propietarios que se organiza para disponer de un cuarto de herramientas compartido, en vez de una caja de herramientas incompleta en cada piso, a las redes globales de intercambio de casas para las vacaciones como knok.com. Otras facilitan el intercambio de ropas de bebe e infancia, utensilios de crianza o ropa de embarazada como creciclando.com, permiten el acceso a plazas de aparcamiento que no se usan durante la jornada laboral como la veterana parkatmyhouse.com, el acceso a espacio de coworking donde poder trabajar sin tener que disponer del uso en exclusividad del local o la facilidad para pedir o enviar objetos aprovechando viajes de otras personas como ofrece piggybee.com.

La clave por la que está proliferando el consumo colaborativo es que ha sabido explotar la propensión a compartir que los cambios culturales y tecnológicos han desarrollado en buena parte de la sociedad, especialmente Internet, adaptando la lógica p2p al intercambio de servicios y objetos. Las claves que guían este tipo de consumo serían la mutualización de conocimientos y recursos inmateriales (compartir saberes para facilitar la innovación) y mutualizar los recursos productivos (la disponibilidad y garantía de acceso a herramientas productivas dentro de una comunidad sin tener que ser propietario como forma de ahorrar costes y aumentar el alcance)11. Una lógica que perfila un estilo de vida diferente más que una simple forma de proveerse de objetos.

  • Mercado Social

Las redes de economía alternativa y solidaria (cooperativas, empresas de inserción, redes de comercio justo, finanzas éticas, grupos de consumo…) vienen desde hace años dando forma a este ambicioso proyecto, que trata de inaugurar un espacio permanente de confluencia económica y comercial. Un espacio definido como una red estable de producción, distribución, financiación y consumo de bienes y servicios y de aprendizaje común que funciona con criterios éticos, democráticos, ecológicos y solidarios, constituida tanto por empresas y organizaciones sociales y solidarias, como por consumidores/as individuales y colectivos”. La principal relación de estas entidades se basa en que se comprometen a producir y consumir preferencialmente dentro de este circuito comercial alternativo, que según se expande va siendo capaz de satisfacer de forma creciente el conjunto de nuestras necesidades. Actualmente es factible obtener casi todo tipo de bienes y servicios dentro de estas redes: acceso a energías renovables, seguros, alimentación, ropa, servicios financieros… .

Un mercado que funciona dentro de la economía convencional, pero desconectado de sus lógicas, valores y prácticas. Una iniciativa basada en la intercooperación, que facilita que otras formas de producir, consumir e invertir se apoyen mutuamente a la vez que ensanchan el espacio de la economía alternativa. Para que todo esto sea factible existe un sistema de certificación participativa que permite valorar el cumplimiento real por parte de las empresas de una serie de indicadores sociales y ambientales.

Esta iniciativa implica la articulación de un movimiento social que intervenga en el plano de la economía, demostrando la viabilidad práctica de otras formas de producir y consumir. El mercado social funciona a nivel estatal, mediante el desarrollo de diversos mercados a escala local, la experiencia madrileña además ha impulsado una moneda complementaria como estrategia que permite simultáneamente ampliar la autonomía del circuito económico alternativo y fidelizar los consumos12.

Los sistemas emergentes y el balbuceo de sociedades postcapitalistas.

Hace poco menos de una década el divulgador científico Steven Jonson13 analizaba las dinámicas autoorganizadas y como los sistemas descentralizados generan espontáneamente una estructura cuando crecen de tamaño: las hormigas crean colonias, las ciudades establecen barrios o ciudades satélite, las conexiones neuronales derivan en áreas cerebrales especializadas. Esta evolución desde reglas simples a complejas, que hace que las prácticas se piensen localmente y actúen localmente, pero su acción colectiva produzca comportamiento global es lo que el autor denomina como emergencia.

Aplicar este análisis para advertir el funcionamiento de los organismos vivientes o de las colonias de hormigas, ha permitido a los científicos aportar una serie de claves que nos ayudan a comprender como surgen los sistemas emergentes:

– Más es diferente: Hace falta una masa crítica para que la lógica funcione y corrija los posibles errores de cálculo individuales. Distinción entre micromotivos y macroconductas, pues solo a través de la observación del sistema completo se comprende la lógica de funcionamiento.

– La ignorancia es útil: Los sistemas emergentes funcionan mejor interconectando densamente individuos simples, que complejos, para posibilitar que las pautas complejas aparezcan (los ordenadores funcionan a base de 0 y 1). Tener agentes individuales que comprendan el funcionamiento del conjunto puede ser una desventaja (por ejemplo una neurona que tuviera consciencia).

– Prestar atención a tus vecinos: La información local conduce a sabiduría global. El funcionamiento primario de la lógica del enjambre es la interacción entre muchos vecinos en el campo que se van encontrando y permiten resolver colectivamente los problemas.

– Alentar los encuentros casuales: Los sistemas descentralizados dependen de los encuentros ocasionales. Son encuentros individualmente arbitrarios, pero al multiplicarse las interacciones permiten medir el estado global del sistema y alterarlo agentes diferentes crean inadvertidamente un orden de nivel superior.

– Buscar patrones en los signos: La habilidad para detectar patrones permite que circule metainformación dentro del sistema, los implicados aprenden a reconocer como comprendiendo varios elementos del sistema se permite obtener información sobre el estado global14.

No resulta aventurado afirmar que en la proliferación de las prácticas alternativas de consumo asistimos a la conformación de un sistema emergente. Entre la pluralidad de experiencias presentadas aparecen algunas que son más exclusivas y otras que son generalizables, que inciden más en el cambio de valores culturales o que prefiguran formas no capitalistas de producción y consumo, que enfatizan lo comunitario o que destacan el papel del consumidor individual, que desconocen la existencia de las otras prácticas o que mantienen conexiones muy estrechas entre ellas… dando lugar a un conjunto de iniciativas que no conforman un sistema coherente, ni forman parte de un proyecto homogéneo de transformación. Y sin embargo, percibimos de forma intuitiva que existen resonancias entre ellas, que de forma no intencional comparten una serie de patrones:

  • Una vida más sencilla que reduzca los consumos de recursos y energía, aumentando las relaciones sociales y los bienes convivenciales.

  • Redescubrir la importancia de la diversidad, lo local, lo descentralizado y lo colectivo.

  • Aumentar los umbrales de autonomía y autosuficiencia.

  • La necesidad de arraigar las prácticas económicas a instituciones y organizaciones sociales a pequeña escala, de forma que las comunidades puedan contener la autonomía de la economía de las necesidades sociales.

  • Enfatizar las dinámicas éticas y cooperativas frente a la competencia individualista.

Prácticas que apuntan la forma en que deben confluir la voluntad y predisposición individual de asumir los cambios de hábitos, junto al desarrollo de estrategias colectivas que reduzcan la sensación de insignificancia de lo que hacemos y el coste percibido del cambio. Dinámicas que deberían de reforzarse desde las administraciones pues gestos individuales, organización comunitaria y políticas públicas deben estar relacionadas y resultar coherentes para que estas alternativas ganen consistencia. Un enfoque que el politólogo Boaventura Sousa Santos denomina el Estado como novísimo movimiento social, pues ni el principio del Estado ni el de la comunidad pueden garantizar aisladamente, vista la hybrys avasalladora del principio de mercado, la sostenibilidad de las interdependencias no mercantiles. Si en el pasado se buscó democratizar el monopolio regulador del Estado, ahora se debe, ante todo, democratizar la desaparición de ese monopolio15.

La saludable existencia de este tipo de proyectos, por parciales, fragmentarios o inacabados que puedan resultar deviene imprescindible en periodos de crisis, pues en tiempos de incertidumbre estas prácticas alternativas innovan y ponen a disposición de la sociedad estructuras y patrones que pueden ser funcionales ante las necesidades del futuro. Prácticas alternativas de consumo que deben maximizar sus potencialidades y enfrentar sus limitaciones, sin miedo a experimentar o equivocarse, puesto que como los pequeños habitantes del Lilliput de Los Viajes de Gulliver, pueden ser los encargados de contener al gigante y anticipar los esbozos de una sociedad postcapitalista.

1 Lizcano, E. (2009): Narraciones de la crisis: viejos fetiches con caras nuevas. Revista Archipiélago nº83-84. Madrid.

2 VV.AA. (2012): Cambio Global España 2020/2050. Consumo y estilos de vida. Ed. Centro Complutense Estudios e Información Medioambiental. CCEIM. Madrid.

3 Ibíd.

4 Calle, A. Soler, M, Gallar, D. y Vara, I. (2009): La desafección al sistema agroalimentario: ciudadanía y redes sociales. Interface: a journal for and about social movements. Volume 4 (2).

Disponible en: http://www.interfacejournal.net/wordpress/wp-content/uploads/2012/11/Interface-4-2-Calle-et-al.pdf

5 Una pequeña localidad inglesa, Todmorden, se ha hecho famosa mundialmente por un innovador proyecto de agricultura urbana local. La idea es grandiosa por su simpleza, se señalan 70 espacios públicos donde se pueden cultivar verduras, hortalizas, plantas medicinales y frutales. Posteriormente un grupo de 300 personas voluntarias se encargan del mantenimiento y cuidado, durante un mínimo de dos mañanas al mes. Cualquier persona, residente o turista, puede servirse cuando llega la hora de la cosecha. Increíbles y comestibles es una propuesta tan sencilla que parece ingenua, vista desde nuestras mentalidades en las que todo lo que tiene valor debe llevar asignado un precio. Y sin embargo el éxito de la iniciativa ha desbordado las expectativas más optimistas multiplicándose por centenares de ciudades de todo el planeta, pues no se trata simplemente del hecho de cultivar verduras colectiva y socialmente sino de articular un discurso sobre la importancia de la agricultura de proximidad, la reconstrucción del vínculo comunitario o la educación ambiental en un contexto de crisis climática y energética.

6 Paseos colectivos masivos en bicicleta que se realizan una vez al mes y que en algunas ciudades como Madrid concentra miles de ciclistas cada edición bajo el lema Coge la bici a diario, disfrútala una vez al mes.

7 La red internacional El Paseo de Jane, sería un interesante ejemplo de estas prácticas. Bautizado así en homenaje de la urbanista Jane Jacobs, una de las pensadoras más originales sobre la ciudad, defensora del paseo y del valor democrático de las aceras. Ver: http://www.janeswalk.net

8 Durante el corralito argentino de 2001 centenares de bancos de tiempo y clubes de trueque con moneda social satisfacían las necesidades de consumo de centenares de miles de personas. Una experiencia recogida en el documental Dinero hecho en casa de Alejandro Hoijman.

9 Ver la página www.vivirsinempleo.org que desde hace años realiza un seguimiento exhaustivo de estas iniciativas.

10 La versiónn castellana del artículo se encuentra disponible en el diario aregentino La Nación: http://www.lanacion.com.ar/1502992-para-los-espanoles-sin-trabajo-el-tiempo-equivale-a-dinero

11 Bauwens, M. (2012): Plan para una sociedad P2P: el Estado-socio y la economía ética.

Disponible en:

http://www.consumocolaborativo.com/2012/04/27/plan-para-una-sociedad-p2p-el-estado-socio-y-la-economia-etica/

12 Para profundizar recomendamos consultar Hernández, T. (2012): Mercado social: construir y experimentar proyectos económicos alternativos. Revista Papeles de relaciones ecosociales y Cambio Global. Nº 118. Madrid.

13 Jhonson, S. (2004): Sistemas emergentes. O que tienen en común hormigas, neuronas, ciudades y software. Ed. Fondo de Cultura Económica.

14 Ibíd. Pág 71-72.

15 Sousa Santos, B. (2005): El milenio huérfano. Ensayos para una nueva cultura política. Ed. Trtota. Madrid.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s