Salvaje. Renaturalizar la tierra, el mar y la vida humana.

GeorgeMonbiot_Salvaje-450x702Reseña escrita para la Revista Papeles nº140, sobre el libro SALVAJE de George Monbiot, editado por Capitan Swing.

La palabra salvaje viene de latín, silvaticus, y su etimología remite a la misma raíz que selva y silvestre; pues originalmente servía para referirse a anímales y plantas no domesticadas. Lo salvaje es lo que no se puede predecir, replicar y amoldar a una intencionalidad humana, aquello que queda fuera de nuestro control. La naturaleza se ha asociado históricamente a este adjetivo y buena parte del ingenio humano se ha orientado a construir refugios protectores de lo salvaje, ante sus amenazas hemos creado asentamientos de carne y piedra, como diría Richard Sennet, donde la antropología lograba desplazar a la biología.

Islas de civilización en medio de un océano salvaje, espacios socialmente definidos y controlados que amortiguaban la vulnerabilidad y dependencia humana ante las leyes naturales. El paso de los siglos, y de forma especialmente acelerada desde la Revolución Industrial, han terminado por dar la vuelta a esta situación. En tiempos del Antropoceno hemos alterado de tal manera el funcionamiento de los ecosistemas, fragmentado y reducido las zonas salvajes del planeta, que estamos comprometiendo su viabilidad futura. Hoy quedan islas salvajes en un océano que ha sido completamente artificializado.

En este contexto se explica la proliferación de las políticas conservacionistas para proteger de la actividad humana algunos espacios donde la naturaleza pueda reproducirse, preservando activamente fragmentos del planeta donde puedan proliferar flora y fauna no domesticada. Salvaje es un libro que establece un diálogo con muchas de estas políticas conservacionistas, a las que crítica por poner excesivo énfasis en el control humano en la gestión de los ecosistemas protegidos, más que en dejar que estos espacios sean sistemas gobernados por la propia naturaleza.

El texto desarrolla la idea de resalvajización frente al esfuerzo por mantener y reproducir los ecosistemas empobrecidos y deteriorados que hemos heredado tras siglos de una relación hostil con la naturaleza. Más que frenar la destrucción a la puerta de los Parques Naturales, para perpetuar unos ecosistemas determinados con sus valores (culturales, ambientales, económicos…), se trataría de dar tiempo y espacio para que en estos lugares se regenere una naturaleza salvaje. Nuevos ecosistemas ayudados por la reintroducción de especies salvajes, incluyendo grandes depredadores.

Según Monbiot: Los ecosistemas que surgirán, en nuestros climas cambiados, en nuestros suelos exhaustos, no serán igual que los que prevalecían en el pasado. No se puede predecir como evolucionaremos, y esa es una de las razones por las cuales este proyecto cautiva. Mientras el conservacionismo a menudo mira al pasado, este tipo de resalvajización lo hace hacia el futuro.

No se trata de un abandono irreflexivo de la civilización, como un ingenuo primitivismo podría plantear, sino de establecer una nueva relación con la naturaleza donde esta deje de estar subordinada a los diseños y planes preconcebidos por los humanos. Dar un paso a un lado para poder dar un paso adelante, como dice Monbiot: algunos ven la resalvajización como una retirada humana de la naturaleza; yo lo veo como un nuevo compromiso. Me gustaría verla no como la reintroducción en la naturaleza no solamente de lobos, linces, glotones, castores, jabalíes, linces, bisontes… sino también de seres humanos.

Monbiot explica de forma detallada varios ejemplos de los impactos ambientales que tiene restaurar la diversidad trófica, mediante el aumento de la presencia de grandes depredadores o medios, y el efecto que provoca sobre plantas, herbívoros y carroñeros… . Resulta sorprendente ver el peso que una determinada especie puede tener en mantener la trama de la vida y cómo su vuelta a un ecosistema puede suponer profundas transformaciones. Uno de los casos más emblemáticos y estudiados ha sido la reintroducción de los lobos en Yellowstone que limitaron la cantidad de ciervos, que por tanto dejaron crecer la flora y arbolado de ribera y alteraron la composición del suelo de las praderas; al reducir la presencia de coyotes cazados por los lobos aumento la biodiversidad de mamíferos pequeños carroñeros como águilas y cuervos; reduciéndose la erosión y hasta modificaron el flujo del río.

En una entrevista a Daniel Pauly un científico especializado en pesca, este le habla del esclarecedor síndrome del punto de referencia cambiante: la gente percibe que el estado natural de los ecosistemas es el que conoció en su infancia, las percepciones y cifras de anímales que había en su juventud son la referencia ecológica, si ser conscientes de que ya eran ecosistemas diezmados por la acción humana. Según Monbiot: lo que llamamos conservación de la naturaleza en algunas partes del mundo es, de hecho, un esfuerzo por preservar los sistemas agrícolas y ganaderos de siglos anteriores. Para muchos grupo ecologistas el paisaje idealizado es el que prevalecía hace cien años. Eso es lo que se está intentando preservar o recrear, defendiendo a tierra de las intrusiones de la naturaleza. Las reservas son tratadas como jardines botánicos. […] Nuestros ecosistemas son reliquias espectrales de otra era que, en la escala de tiempo evolutivo, sigue siendo muy cercana. Los árboles siguen armándose contra amenazas que ya no existen, del mismo modo que nosotros conservamos el arsenal psicológico necesario para vivir entre monstruos.

El libro nos alerta de nuestro dramático distanciamiento de la naturaleza, en términos físicos, afectivos y especialmente cognitivos. No somos conscientes de nuestra ecodependencia y hemos ido perdiendo la posibilidad de deleitarnos con la naturaleza salvaje, y como dice el dicho nadie echa de menos a una persona que no conoce. La resalvajización tiene que ver como dice uno de los entrevistados con una cuestión de humildad, de reducir la prepotencia que nos aboca a un colapso ecosistémico.

Resalvajizar no es una propuesta fantasiosa e idílica, sino que el autor plantea algunas contradicciones, riesgos y problemas. Hay un capítulo dedicado a recorrer zonas de la montaña galesa donde viven agricultores y ganaderos, muchos de los cuales se encuentran volcados en manejos sostenibles, artesanos y en el trabajo para dinamizar el territorio y las economías locales. Muchos de los cuales ven riesgos de que estas estrategias sirvan para expulsar al campesinado, desposeerle de sus tierras y prohibir sus actividades. Una línea roja debería ser esa, no usar la resalvajización para desproteger al pequeño campesinado y acabar con los precarios equilibrios que hacen viables sus explotaciones a las que Monbiot elogia en el texto.

Además el texto también recuerda algunos episodios de resalvajización muy problemáticos producidos en el pasado, como los impulsados por el régimen nazi en centroeuropa para reconstruir su visión mitológica de un pueblo surgido de los bosques. Grandes zonas naturales de las que expulsaron y asesinaron a sus habitantes para posibilitar el reencuentro de la raza elegida con sus ecosistemas ancestrales; sin obviar otros episodios más recientes cometidos en África donde en nombre del progreso y del desarrollo del turismo para visitar espacios resalvajizados con presencia de animales salvajes.

El libro rompe con cierto imaginario que asume que preservar la gran fauna salvaje es responsabilidad de terceros países, generalmente empobrecidos, que deben de protegerla mientras el conjunto de la humanidad disfruta de su pervivencia. En sus páginas se muestran las potencialidades de resalvajización que tienen nuestras costas y montañas, incitándonos a impulsar una nueva generación de políticas conservacionistas. Además de por el placer de disfrutar de amplios fragmentos de naturaleza no mutilada porque puede ser una actividad económica muy rentable. Muchas áreas rurales europeas que han apostado por dar este giro, disfrutan de un turismo de naturaleza orientado al avistamiento de animales salvajes, que comparativamente está generando comarcas económicamente prósperas sin recrear especializaciones productivas totales.

Un texto que de forma amena combina las reflexiones personales del autor, las descripciones de los viajes que va haciendo para conocer proyectos de resalvajización, la recopilación de voces de personas implicadas o que problematizan estas iniciativas, una síntesis de la literatura científica y un análisis de las principales políticas públicas. Salvaje está escrito de forma rigurosa pero no académica, realizando un aporte importante pues permite enmarcar estas discusiones dentro de una corriente emergente del ecologismo, sin obviar que no valen soluciones simplistas pero tampoco eludir los debates de fondo. Y es que la resalvajización es una cuestión de plena actualidad que, sin denominarla así, se encuentra en el trasfondo de los debates sobre la recuperación del lobo en nuestra geografía.

En el zoo de Brooklyn al final de las diversas jaulas de los monos se identificaba una, señalizada como aquella que contenía a la especie de simio más peligrosa. Al asomarse a la jaula lo único que había era un espejo, que nos devolvía nuestra imagen. Libros como Salvaje nos ayudan a realizar ese ejercicio de reflexividad sin salir de casa o leyendo en el parque, mirar el mundo natural con otros ojos y contemplarnos dentro de ese mundo.

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