Córdoba: cambiamos navajas por azadas

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Córdoba ha sido el tercer lugar que visitamos para presentar nuestro libro, mientras los parques se llenaban de gente de Ganemos Córdoba en asambleas para fijar su posición sobre lo que debían hacer en el Ayuntamiento tras las elecciones. Unas semanas antes de la llegada de estas oleadas de calor acudimos al seminario de Contested Cities que se celebraba y aprocehamos para empaparnos de la situación de los huertos en la ciudad. Córdoba tiene una intensa actividad social, cultural y reivindicativa, pero que hasta el momento se ha orientado poco hacia la agricultura urbana. Aún así existen un par de iniciativas reseñables en la ciudad que acudimos a visitar.

La más antigua sería el Huerto ciudadano de la Somadilla puesto en marcha en el Aula de la Naturaleza del municipio, donde una amplia finca de varios miles de metros cuadrados se ha ido convirtiendo en un inmenso huerto cuidado por grupos de vecinos y vecinas. Un espacio francamente bonito donde se ha sabido sacar provecho al terreno mediante el acondicionamiento de este espacio ondulado con terrazas. La planificación de las tareas, la recolecta y el repartos de productos se organizan desde el Aula de la Naturaleza, con la participación del trabajo de cuidado cotidiano de los vecinos y vecinas apuntados, que se reparten semanalmente la cosecha producida.

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Al margen de esta iniciativa que cuenta con municipal, la ciudad cuenta con una experiencia preciosa en el Huerto de la Fuensanta, fuera del casco histórico en un económicamente deprimido barrio obrero. Junto a un instituto de educación de adultos había una parcela en barbecho durante más de dos décadas, hasta que gente del barrio se decidió a finales de 2012 a ocuparla junto a un colectivo social para montar un huerto comunitario. Al principio este colectivo social fue fundamental para echar a rodar la iniciativa, impulsando un crowdfounduing para los gastos iniciales del huerto y su vallado perimetral, pero con el paso del tiempo se fue desenganchando y se quedó únicamente la gente vinculada al barrio.

Entre el vecindario hortelano destaca Paco experto en jardinería y horticultura, un antiguo chaval difícil de la época de los quinquis, que se ha conjurado para utilizar el huerto como fórmula capaz de otros valores ante la vida a la chavalada del barrio en riesgo de exclusión social. Fuensanta es un pequeño oasis que trata de incitar a los chavales a conocer otras formas de relacionarse, impulsar otra escala de valores y hacerles ver que hay una vida más allá de las fronteras del barrio tal y como lo han conocido. En una metáfora perfecta Paco afirma que lo que hacen es cambiar navajas por azadas.

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Uno de los trucos pedagógicos empleados por Paco sería decirle a los chavales que las plantas son suyas pero los frutos son del barrio y deben de compartirlos. Una vez se acercó una vecina con apuros económicos severos y pidió que le dieran verduras para tirar una semana, Paco dijo que había que consultar a los chavales que eran los dueños de la plantas. Y estos decidieron que si, entonces Paco les pidió que cogieran una caja con cosecha para darle a esta mujer. Al rato había siete cajitas con comida y Paco les preguntó sino había demasiado, y los chavales le comentan que si no sabe contar que una semana tiene siete días, entonces siete cajas. El huerto estimula la generosidad de quienes no tienen nada, enseña el valor de la solidaridad y de la interdependencia en barrios donde estas cosas no parecen posibles apriori. El valor de las pequeñas cosas que cambian el mundo en la medida en que cambian la vida de unas cuantas personas.

El huerto se complementa con un proyecto de bici solidaria donde enseñan a los chavales a reparar bicis, tienen un sistema de préstamo y logran que los que tienen más constancia puedan construirse con la ayuda de los monitores una para ellos.

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El huerto se encuentra lleno de aromáticas, algunas plataneras e incluso un proyecto de estanque en construcción. Todo ello junto a una serie de bancales dedicados a productos de huerta y plantas utilizadas en alta cocina, que Paco regala a cocineros de los mejores restaurantes de la ciudad a cambio de favores para sus chavales. La chavalada que participa del huerto pueden acudir y comer gratis en restaurantes de la ciudad, incluido uno con una estrella Michelín. La comida como un lenguaje universal en torno al cual se producen mecanismos de solidaridad cruzada.

Un lujo conocer a la gente del Huerto de la Fuensanta, anónimos superheroes de barrio, que se dedican a sembrar esperanza en solares y corazones abandonados. Los podéis seguir en su Facebook.

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