Epicuro y los huertos urbanos

rafael-la-academia-de-atenas-epicuro-fresco Resulta agradable ver como las ideas fluyen en el aire y pueden ser captadas simultáneamente por gentes diversas en distintos lugares. En este caso se trata de mirar con los ojos del presente hacia la Antiguedad, concretamente hacia la historia del filósofo griego Epicuro y su escuela El Jardín, que no era má que un huerto desde el que reconstruir  nuevas colectividades en un momento en el que las concebidas en el pasado habían dejado de tener sentido (la crisis de la polis). Nosotros empezamos nuestro libro mirando hacia lo que supuso el epicureismo como el primer episodio documentado en el que los huertos urbanos jugaron simultáneamente un doble papel, cultivar verduras y hortalizas para el autoabastecimiento, y convertirse en espacios privilegiados de socialización, cooperación y ayuda mutua en un contexto de crisis. Nosotros lo contamos con palabras si además quieres ver estas reflexiones en imágenes el periodista Javier Rada ha hecho un interesantísimo documental sobre la misma idea, grabando en el Huerto Comunitario del Xino en el barrio del Raval de Barcelona. Un síntoma de que muchas personas, en muchos lugares estamos mirando la ciudad y los huertos con otros ojos… . Os dejamos con el documental y con nuestras reflexiones sobre dicho periodo histórico:

El primer instante fugaz en la larga historia de Occidente donde coinciden una profunda crisis urbana y política junto a respuestas y estilos de vida alternativos construidos en torno a un huerto, sucede al final del siglo IV a. de C., cuando acontece la decadencia de la polis griega. Durante esos años, asistimos al final de la etapa dorada del periodo helénico que vio nacer conjuntamente la democracia y la filosofía. La polis griega era simultáneamente una ciudad y un sistema de organización social, un ideal de comunidad humana y política. La utopía de Platón y Aristóteles, construida en carne y piedra, va dejando de ser un espacio autárquico y autogobernado para pasar a ser concebida como una provincia dentro del vasto imperio de Alejandro. Las expectativas, la cultura y las instituciones que habían simbolizado la confluencia de intereses individuales y comunes entran en quiebra, comenzando una larga decadencia que dejará espacio para el desarrollo de nuevas filosofías y religiones (Ideas rastreadas en el delicioso libro de Emilio Lledó sobre el Epicureismo). En la periferia de la ciudad de Atenas, camino del puerto, se estableció un nuevo tipo de espacio intelectual y de aprendizaje conocido como El Jardín. Un jardín que en realidad era un huerto, en el que un joven Epicuro propiciaba otra forma de relacionarse con la filosofía. Un lugar que no era una escuela donde formarse para la política como en la cercana Academia de Platón, ni un espacio de investigación intelectual como el Liceo Aristotélico, sino una fórmula para reconstruir nuevas colectividades en un momento en el que las concebidas en el pasado habían dejado de tener sentido.

El Jardín y el epicureismo impulsaron la construcción de comunidades que reflexionaban y orientaban su vida hacia la filosofía, repensando el papel del cuerpo, la amistad o la relación entre individuo y colectividad. El Jardín era una forma de construir estructura política una vez que la polis había dejado de funcionar, una manera de revincular a las personas de forma que compartieran no tanto ideas como estilos de vida. Marginado e incomprendido en su tiempo, el epicureismo aceptó desde sus inicios la participación de mujeres, reivindicó el materialismo del cuerpo y desarrolló la ética como un compendio de propuestas concretas para la vida. Además de reagrupar y reinventar el sentido de comunidad para la gente, el epicureismo sería la primera filosofía protoecológica (planteaba una teoría de las necesidades, hablaba de la búsqueda de la autosuficiencia, de la relación entre placer y límites…).

El cultivo colectivo de un huerto simbolizaba esa otra forma de estar en el mundo basada en la interdependencia y la ecodependencia, un modesto y autoafirmativo gesto de desafío en medio de la profunda crisis que habitaban. El grito del epicureismo sería el primer episodio documentado en el que los huertos urbanos jugaron simultáneamente un doble papel, cultivar verduras y hortalizas para el autoabastecimiento, y convertirse en espacios privilegiados de socialización, cooperación y ayuda mutua en un contexto de crisis. Este es el punto de partida simbólico que indica el camino que tomaremos a la hora de reconstruir la historia de la agricultura urbana en Occidente, siguiendo de forma inseparable su vertiente social y ambiental. Y hasta ahí podemos leer de la introducción de nuestro libro…

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