Resiliencia urbana, MARES y marejadas

Artículo publicado en EL DIARIO:

La ficticia independencia de las ciudades frente a los ecosistemas naturales en los que se sustentan, convierte los sistemas urbanos en los más vulnerables ante factores altamente desestabilizadores como la emergencia climática, la crisis energética o las consecuencias territoriales de la crisis socioeconómica (hiperespecialización productiva en sector servicios y turismo, segregación espacial, deterioro de servicios públicos, exclusión social, cambios demográficos…). Una fragilidad incómoda que suele ignorarse y que en entornos altamente artificializados no se percibe con facilidad.

Ante esta situación, se ha ido haciendo hueco la noción de resiliencia, entendida como la capacidad de adaptación y reorganización de un sistema ante perturbaciones y cambios severos, desarrollando nuevos modos de organización. Un concepto que proviene de la física de materiales y que mide la capacidad para sufrir presiones y volver a su estado original, como un muelle; que ha pasado por la psicología para analizar la capacidad de las personas para rehacerse a traumas y catástrofes; hasta llegar a usarse por la biología para hablar del funcionamiento de los ecosistemas ante fenómenos disruptivos o más recientemente por el urbanismo para pensar la inaplazable transformación de ciudades y ciudadanías. Sigue leyendo

Tender puentes con la desobediencia climática.

Artículo publicado en EL DIARIO.

El 17 de septiembre el Congreso aprobaba por unanimidad, salvo los negacionistas de Vox, el apoyo a la declaración de Emergencia Climática que tendrá que impulsar el próximo gobierno. Un acontecimiento que ha pasado sin pena ni gloria por nuestra acelerada actualidad mediática y ante el cual nos encontramos con sentimientos ambivalentes. La declaración es un éxito de los movimientos ecologistas, espoleados por las generaciones más jóvenes; a la vez que asistimos a un claro riesgo de banalización del concepto, de convertirlo en un significante que no denota la urgencia, la gravedad, el riesgo o la radicalidad de las transformaciones que conlleva tomársela en serio. La clave para evitar que la emergencia climática se convierta en algo sobre lo que todo el mundo está de acuerdo acríticamente, convirtiéndose en un cliché o en un concepto inoperante políticamente, pasa por llenarla de compromisos efectivos y de acciones tangibles .

Hay un cuento de José Saramago que narra la historia de unas termitas que excavan pequeñas galerías en la madera de la silla en la que se sentaba un dictador. Tras mucho esfuerzo y complejos cálculos logran que la pata de la silla se rompa, de forma que el dictador se golpee contra un pico y muera. La caída del dictador parecería fruto del azar y en los relatos oficiales del suceso nunca se reconocerá el anónimo, desinteresado y sacrificado esfuerzo de las termitas que han sido quienes han hecho posible el cambio.

Las históricas movilizaciones mundiales ligadas a la huelga climática del 27S, se han acompañado el 7 de octubre de una jornada internacional de protestas impulsadas desde Rebelión por el Clima 2020 y Extinction Rebellion. El pasado lunes centenares de termitas desobedientes bloqueamos un puente en el corazón de la ciudad de Madrid e iniciamos una acampada de unos días frente al Ministerio de Transición Ecológica, como una forma de mostrar la determinación de la ciudadanía en exigir acciones comprometidas a las instituciones. Sigue leyendo

De Riotinto a la Huelga Mundial por el clima del 27S

Artículo publicado en EL DIARIO

Corria el año 1888, las compañías mineras británicas llevaban quince años explotando las minas de Riotinto en Huelva, con un modelo de gestión autoritario y con enormes impactos ambientales para trabajadores y habitantes. Junto al malestar obrero organizado en los sindicatos se constituyó la Liga Antihumista, un grupo agroganadero de terratenientes que denunciaba las consecuencias que los gases tóxicos de la minería tenían para la salud de las personas, del ganado y de las tierras de cultivo.

Tras años de acumular agravios y desprecio la situación desembocó en una huelga general en las minas, a la que se sumaron las comunidades obreras y campesinas de la comarca. Las reivindicaciones de mejores condiciones de trabajo se vincularon a las de mejoras en la calidad de vida y contra la contaminación. El 4 de febrero en medio de un paro total se convocaba una manifestación que movilizó a miles de personas frente al Ayuntamiento de Riotinto. La respuesta fue una represión salvaje, el ejercito disparó contra la multitud causando más de un centenar de muertos.

Días después de la revuelta, la calcinación al aire libre del mineral que causaba las nubes tóxicas fue prohibida a través de un Real Decreto. Dos años después, en 1890 la Real Academia de Medicina concluíade forma fraudulenta que no había pruebas de un impacto negativo de los humos en la salud, los intereses de Rio Tinto Company Limited para que se retomara la actividad minera prevalecieron sobre el interés general de los habitantes. Sigue leyendo

Comunidades cooperativas en tiempos de catástrofes.

Artículo publicado en CTXT.

Al contrario de la ola polar que amenaza el futuro de los siete reinos de Juego de Tronos, la catástrofe que se avecina sobre nuestras sociedades es una crisis ecosocial, cuyo exponente más visible sería la emergencia climática y su verano perpetuo. Un escenario que nos garantiza que vamos a asistir a una creciente proliferación de desastres ambientales y shocks socioeconómicos; lo excepcional va a convertirse en parte de nuestra normalidad.

Estos acontecimientos singulares que por su dimensión o dramatismo interrumpen la normalidad, suelen inaugurar un periodo en el que se abren huecos para que sucedan fenómenos que días antes resultaban impensables o imposibles. En muchas de estas situaciones de emergencia se despliegan de forma espontánea comportamientos sociales basados en el altruismo y la generosidad. Episodios marcados por un fuerte protagonismo de la sociedad civil, donde se demuestra una alta capacidad de resiliencia y creatividad, pues frente a las catástrofes suelen oponerse altas dosis de empatía; surgen inesperados liderazgos anónimos y se reinventan mecanismos de solidaridad y ayuda mutua.

Rebecca Solnit ha estudiado varios de estos fenómenos espontáneos de solidaridad comunitaria (Gran incendio de San Francisco, terremoto de México DF, huracán Katryna en New Orleans, huracán Sandy en New York…) y los ha bautizado como paraísos construidos en el infierno. Situaciones donde la cotidianeidad se ha quebrado y resulta obligatorio recrear condiciones inmediatas para la supervivencia. Esto se logra mediante estrategias de salvación colectivas, que generan nuevas formas de sociabilidad, fomentan el sentido de pertenencia compartida y un sentido de compromiso individual, a través de tareas que generan una sensación de bienestar a quienes las ejecutan, por arriesgadas, sacrificadas o tediosas que sean. Una nueva cotidianeidad que se hace cargo de la fragilidad de la vida y su cuidado como prioridad, que premia comportamientos altruistas, cooperativos  o colaborativos.

Esto se traduce en la capacidad para redefinir las prioridades y escalas de valores: como poner la vida por encima de la propiedad o la necesidad sobre lógicas legales o cálculos de mercado; en la imposición de protocolos para compartir de formas socialmente justas recursos escasos como el agua, los alimentos o las medicinas; la preocupación y el cuidado por los extraños en hospitales de campaña, cocinas colectivas o albergues improvisados. Un despliegue de inéditas dinámicas comunitarias, pues según Solnit los desastres son algunas veces una puerta trasera al paraíso, hacemos lo que deseamos y tenemos la posibilidad de cuidar de nuestros hermanos y hermanas. Los desastres ofrecen una liberación temporal de las preocupaciones, inhibiciones y ansiedades asociadas con el pasado y el futuro porque fuerzan a concentrar la atención total en el momento inmediato, resolver las necesidades diarias sin los condicionantes de la vida cotidiana. Sigue leyendo

Green New Deal: solucionar problemas y problematizar soluciones.

Artículo publicado en EL DIARIO.

El incuestionable deterioro de los ecosistemas naturales por un lado, así como la sorpresiva entrada en escena de unos desafiantes movimientos sociales (Extinction/Rebellion, huelgas climáticas…), están situando de forma irreversible las cuestiones ambientales en la esfera pública y en la agenda política. Las hasta ahora simbólicas declaraciones de emergencia climática anunciadas por diversos países o por el mismo Vaticano serían su mejor constatación.

Esta efervescencia ecologista ha dotado de vigencia y de visibilidad al Green New Deal, una propuesta que apela a la reactualización del paquete de políticas más progresistas de la historia de EEUU, implementadas para salir de la crisis de los años treinta. Esta vez articuladas en torno a ambiciosas políticas públicas de transición energética y ecologización de la economía, Hector Tejero y Emilio Santiago avivan este debate en nuestra geografía con la publicación de ¿Qué hacer en caso de incendio’ Manifiesto a favor del Green New Deal, editado por Capitán Swing. Un libro que traduce a nuestro contexto estas discusiones, presentando la gravedad y complejidad de la crisis ecosocial, sin ahorrar dramatismo pero huyendo del catastrofismo paralizante; de forma que se desvelan las potencialidades del ecologismo para vertebrar un nuevo contrato social, empujar desafiantes políticas redistributivas y fortalecer la democracia.

Articulada en torno a una serie de sectores estratégicos como la transición energética y la descarbonización de la economía, la reconstrucción de sistemas alimentarios inspirados en principios agroecológicos, la reordenación de la movilidad y el transporte, la renaturalización y los procesos de resalvajización, los cuidados y la reproducción social, así como las necesaria reorganización del sistema educativo o del sistema fiscal. Una constelación de medidas que abordadas de forma coherente, coordinada y decidida se postularían como las bases desde las que empezar a hacer políticamente posible lo que es científicamente razonable y económicamente implanteable.

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Innovación social y participación ciudadana en tiempos del Antropoceno.

Artículo escrito junto a Conchi Piñeiro para el  Informe sostenibilidad 2019 de la Fundación Alternativas ¿Por qué las ciudades son clave en la transición ecológica?

Un texto donde rastreamos qué hay de nuevo en la innovación social, cómo las prácticas de cooperación y las iniciativas socioambientales inspiran muchas de las políticas públicas más transformadoras y se presenta una constelación de experiencias que puede ilustrar este protagonismo ciudadano en la transiciones ecosociales.

Acceso al documento: AQUÍ.

 

Supermercados cooperativos: gente ordinaria haciendo cosas extraordinarias

Artículo publicado en EL DIARIO.

Corría el año 1890 nacía Aglomeración Cooperativa Madrileña, la cooperativa de consumo pionera de la ciudad. Una fórmula para satisfacer las necesidades alimentarias de las clases populares en mejores condiciones de las que ofrecía el mercado, un experimento de otras relaciones de producción y consumo, que a la vez servía para difundir el ideario socialista.

Esta iniciativa evolucionó y sirvió de germen para la Cooperativa Socialista Madrileña fundada en 1907, que agrupaba cinco tiendas de comestibles, una zapatería, un despacho de vinos, dos bodegas y una tienda de objetos de escritorio. Miles de cooperativistas de consumo y una plantilla de 32 personas empleadas sostenían esta iniciativa, que seguiría viva hasta la guerra civil. Una experiencia asociativa ligada a la emblemática nueva Casa del Pueblo construida en un antiguo palacio comprado por la UGT, y que llegaría contar con más de 100.000 persona afiliadas, cerca de un décimo de la población madrileña de la época.

Durante la II República se habían popularizado por todas las zonas industriales de nuestra geografía las cooperativas de consumo, pensemos que solo en Barcelona había unas sesenta iniciativas. El franquismo intentó replicar el modelo mediante los economatos laborales ligados a las grandes empresas del Instituto Nacional de Industria, pero fracasó, en buena medida por la falta de protagonismo de la gente y la ausencia de democracia interna. Las cooperativas de consumo resurgieron tímidamente a finales de los años cincuenta, manteniendo el objetivo de garantizar el acceso a alimentos para una clase obrera empobrecida, a la vez que ofrecían una experiencia asociativa relativamente autónoma en plena dictadura. Sigue leyendo