Frente al colapso, una cultura con pájaros en la cabeza

 

 

 

 

 

 

Artículo publicado en EL DIARIO

Tras la pandemia se reabría el Gran Teatro Liceu de Barcelona con un concierto para más de dos mil plantas que ocupaban las butacas del anfiteatro y los tres pisos de balcones. Un cuarteto de cuerda interpretaba con total solemnidad la obra “Crisantemi” del italiano Giacomo Puccini para un público vegetal. Este poema visual fue concebido por el artista Eugenio Ampudia durante el confinamiento, mientras escuchaba a los pájaros y veía crecer a las plantas desde su balcón, como una fórmula para reflexionar sobre nuestra relación con la naturaleza.

Puede parecer una frivolidad pero el imprescindible cambio de valores y prácticas que requiere la transición ecosocial demanda de otra inteligencia, pero también de otras emociones. Y es que toda posibilidad de pilotar transiciones ecosociales de forma relativamente ordenada pasa por acelerar un enorme cambio antropológico, pues, más que tecnológico o normativo, a lo que nos enfrentamos es a un enorme desafío cultural. O lo que es lo mismo, a la necesidad de cambiar los imaginarios y los estilos de vida, replantearnos que es vivir bien o cuales son unas expectativas de futuro realistas en tiempos del Antropoceno.

Las políticas culturales deberían ser nucleares en este proceso de socializar nuevos conocimientos y sensibilidades que permitan a la ciudadanía comprender la encrucijada en la que nos encontramos, establecer complicidades con las rupturistas políticas públicas que necesitamos e imaginar futuros alternativos lo suficientemente seductores como para involucrarse personal y colectivamente en su construccción. Sigue leyendo

Apología de la utopía

Texto publicado en CTXT

Los mitos, los cuentos o las fábulas han sido durante milenios el principal método por el que nos comunicábamos. Así que no es de extrañar que nuestro cerebro se haya modelado mediante el arte de contar historias; algunos etnólogos y comunicadores defienden una influencia determinante de las narraciones en la evolución humana, apelan a que somos un Homo Narrans. Las historias nos permiten construir visiones compartidas de la realidad, consolidar o cuestionar creencias, y dotar de sentido a la vida; son uno de los mecanismos esenciales a través de los que la sociedad se representa, se cuenta y da cuenta de sí misma.

El poder de los relatos  y las ficciones

Hoy somos plenamente conscientes de que las ficciones nos entretienen, pero no tanto de que simultáneamente cumplen una función fabuladora: nos ayudan a comprender el mundo que nos rodea, suscitando curiosidad e interés por las temáticas de la vida cotidiana, y permitiéndonos reelaborar aquellas experiencias que son objeto de nuestras inversiones afectivas más intensas y fuente de nuestros comportamientos emotivos más profundos. Además las historias son una herramienta educativa que nos habilita para preservar, construir y reconstruir los imaginarios sociales; y fuente de socialización que alimenta nuestras conversaciones diarias.

En tiempos recientes la neurociencia ha demostrado científicamente el poder de los relatos, al ligarlos a las raíces de la emoción compartida y la empatía. Al escuchar historias la mente de quien narra y de quien escucha se sincronizan, activan las mismas áreas cerebrales; y lo que es más importante, no solo se activan en nuestro cerebro las áreas donde procesamos el lenguaje, sino también aquellas que usaríamos al experimentar en primera persona aquello que nos están contando. Mientras escuchamos relatos, de forma inconsciente, tratamos activamente de relacionarlos con nuestras propias vivencias. Frente a la mera transmisión de información, el cerebro adora los relatos porque no distingue del todo entre leer o escuchar atentamente una historia, y vivenciar dicha experiencia en la realidad. Sigue leyendo

Huertopía. La agricultura urbana y sus imaginarios en la ciencia ficción.

Artículo publicado en la Revista Ecología Política nº57

La agricultura urbana se ha convertido en un elemento estratégico para avanzar de forma práctica hacia una nueva cultura del territorio y abrir la discusión sobre la forma en que se van a alimentar las ciudades del futuro. Una actividad convertida en símbolo de las demandas de ecologizar y renaturalizar tanto los entornos urbanos como los imaginarios socioculturales. La huertopía (hortus y topos) reivindica que los huertos echen raíces en el corazón de las ciudades, ya sea en las descritas por la ciencia ficción o en las que habitamos.

Una ficción preocupada por echar raíces

Todo inicio tiene algo de arbitrario, pero podríamos empezar este recorrido recuperando la Utopía que escribió Thomas Moro en el siglo xvi, a caballo entre la desesperanza del inicio de los cercamientos de las tierras comunales y las ilusiones despertadas por el “descubrimiento del Nuevo Mundo”. Un relato crítico con su presente, que esbozó una sociedad alternativa en la que ciudad y campo se encontraban en armonía. En su obra, Moro contempló la necesidad de que todos los habitantes de estas ciudades autosuficientes conocieran de primera mano la actividad agraria: debían servir dos años trabajando en el campo, y contaban con huertos de autoconsumo en los patios de las viviendas urbanas para ejercer esta actividad de forma continuada a lo largo de su vida. Sigue leyendo

COVID-19 y la otra primavera silenciosa

Articulo publicado en EL DIARIO

El nacimiento formal del ecologismo suele fecharse simbólicamente en el año 1962, cuando la bióloga Rachel Carson escribió Primavera silenciosa , donde se alertaba de los peligros del DDT para la biodiversidad y la salud humana. El título aludía especialmente a la pérdida de aves por comer insectos contaminados, y el silencio que dejaba su ausencia en los campos. La publicación del libro inspiró una enorme movilización social, que logró que el Departamento de Agricultura revisara su política sobre pesticidas y el DDT fuera prohibido por la legislación de los EEUU.

A raíz de la emergencia sociosanitaria de la COVID-19 hemos vivido otra primavera silenciosa, donde se ha callado el ruido que hacemos los humanos. El estado de alarma y el confinamiento global han mantenido apagados los motores de millones de coches; se ha paralizado la actividad de cientos de miles de fábricas; aviones y cruceros se han quedado en tierra, las personas permanecemos recluidas en las casas, el consumo de objetos superfluos ha descendido significativamente… Sigue leyendo

¡Hasta la victoria, siembre!

 

Texto publicado en la revista CTXT

Imagina que las reservas de semillas para cultivar alimentos se han agotado porque mucha gente está montando espacios de cultivo en casa, que miles de agricultores urbanos están coordinándose mediante Internet para acompañar a toda una nueva oleada de hortelanos, que parte de los parques urbanos se destina a semilleros para que la población cultive alimentos, que aumenta exponencialmente la demanda de parcelas en las ciudades y municipios, que los huertos urbanos son concebidos como un servicio esencial y sus cosechas se derivan a la población más vulnerable, que las comunidades locales que los cultivan se suman a las redes vecinales de ayuda mutua… ¿Y si todo esto ya estuviera sucediendo pero resultara imperceptible?

La pandemia global y la agricultura urbana

En esta crisis los huertos urbanos han sido considerados servicios esenciales en muchos países, debido a que en muchos de ellos existe una tradición hortícola que, con altibajos, tiene más de un siglo de historia y, sobre todo, a que a lo largo del tiempo han demostrado su utilidad para garantizar la seguridad alimentaria de determinados grupos de población en contextos de crisis. De esta forma se está permitiendo el acceso siguiendo una normativa de uso adaptada al confinamiento, que  implica llevar mascarillas y guantes y limitar la presencia simultánea de personas para asegurar que se mantienen las distancias de seguridad. La principal justificación para que distintas autoridades políticas tomen estas decisiones se basa en el papel de complemento alimentario esencial que suponen para muchas familias vulnerables, así como el papel estratégico que pueden jugar en los próximos meses.

En ciudades canadienses como Victoria, el propio ayuntamiento ha reorganizado la actividad de los viveros y jardineros municipales para que se dé prioridad al cultivo de verduras de cara al verano.Un 20% de los recursos de departamento municipal de parques y jardines se han reorientado a lanzar una campaña para animar a la gente a cultivar alimentos en los jardines y azoteas, y muchos parques públicos se han reconvertido en espacios de cultivo de plantones que se regalarán a la ciudadanía a tales efectos. Una acción que se acompañará de la elaboración de manuales y tutoriales en video para jóvenes, adolescentes y adultos. El alcalde, preguntado por estas medidas, declaró que son “medidas extraordinarias para tiempos extraordinarios”. En otras ciudades, como Ottawa, los huertos comunitarios se han organizados para donar la producción al sistema de distribución de alimentos de emergencia. Sigue leyendo

Agricultura en la ciudad, la ciudad en la biorregión.

Recuperamos este video de una conferencia de Nerea Morán sobre la estratégica relación entre la agriccultura urbana y las biorregiones, entendidas como la unidad de complejidad mínima para concebir las transiciones. La ciudad no puede ser el único objeto y objetivo de la reorganización, pues nos limita a pensar desde un localismo miope y reduccionista, que se convierte en una trampa. El concepto de biorregión nos invita a considerar como escala mínima de intervención el espacio singular delimitado por características geográficas, ecológicas y sociales en el que se producen los procesos que permiten el desarrollo en una relación de equilibrio y colaboración de la ciudad con su medio. Una escala adecuada para repensar la autonomía energética, alimentaria y económica, y la adaptación ecológica de las actividades productivas, rompiendo la separación conceptual entre espacios rurales y urbanos, redescubriendo sus relaciones de interdependencia.

Ecobarrios, municipios en transición e iniciativas comunitarias

Durante este periodo de confinamiento están proliferando las iniciativas comunitarias de ayuda mutua,  se está redescubriendo la importancia del lazo social, de lo colectivo y de las relaciones de proximidad. Un clima que conectamos en este video  con las alternativas ecosociales que vienen desarrollándose desde hace tiempo en esta escala local, analizando sus potencialidades y limitaciones.

Una ponencia realizada en el marco de las jornadas Ahora que vamos despacio: por un ecologismo social de emergencias:

Más ciencia ficción y menos spin doctors frente a la emergencia climática

Artículo publicado en EL DIARIO

Hubo un tiempo en que los spin doctors eran un popular grupo de música, no esas figuras que entre bambalinas se han apoderado de los partidos, que se han rendido ante estos consejeros, encargados de tomar decisiones clave que los dirigentes se encargan de escenificar. Los principios, los programas o las estrategias colectivas se han vuelto secundarias una vez que lo político se ha reducido por la dictadura del corto plazo, el tacticismo comunicativo y el marketing.

El especulador George Soros afirmaba que en economía financiera las inversiones a largo plazo eran cinco minutos; para los spin doctors, expertos en moverse bajo la presión de la actualidad y lo instantáneo, el largo plazo se limita a la publicación del próximo sondeo electoral. La política está en manos de estas personas, incapaces de definir estrategias para temas cuyo horizonte temporal de reflexión y actuación exceda lo coyuntural. Imposible ir más allá. Así que no resulta muy creíble, ni recomendable, que puedan hacerse cargo de una cuestión tan compleja, incómoda y multidimensional como la crisis ecológica.

La emergencia ecosocial nos exige otro tipo de liderazgos políticos (valientes, empáticos, didácticos, creíbles, compartidos…), pero también otras figuras de asesoría y acompañamiento, que sean capaces de comunicar la discontinuidad de este momento histórico, de anticipar escenarios de futuro, de ofrecer nuevos imaginarios y de saber otorgar protagonismo a la ciudadanía. Si los spin doctors son como el copiloto de un rally, que solo puede avisar de las siguientes curvas y la marcha con la que conviene abordarlas, lo que necesitamos se parecería más a alguien que escribiera ciencia ficción. Si lograr una transición justa hacia la sostenibilidad nos parece una marcianada ¿no tendría sentido abordarla de la mano de quienes realmente se han dedicado a imaginarla? Sigue leyendo

Territorios periféricos y transición ecosocial ¿Hacia nuevos nodos biorregionales?

Artículo publicado en la revista PAPELES.

Después de analizar la posición subalterna de las periferias urbanas respecto
a las grandes ciudades, el artículo examina las posibilidades de la biorregión
para reequilibrar las fracturas territoriales en el contexto de la crisis ecosocial.
El reto de encarar transiciones ecosociales supone pensar de forma alternativa
la organización y gestión de la ciudad y el territorio. Una premisa para
hacerlo es dejar de pensar desde los centros y al servicio de los centros, permitiendo
que las periferias pasen a primer plano.

  1. No hay centro para tanta periferia

La periferia se suele entender en relación a un centro, y generalmente como su negativo o su opuesto. También podemos visualizar la periferia como borde o límite, como la parte de un elemento o un sistema que nos permite percibir su dimensión completa.

Si pensamos en la ciudad, haciendo nuestra la consigna vecinal surgida de una de las periferias históricas madrileñas, el distrito de San Blas, podemos afirmar que no hay centro para tanta periferia. Asociamos al centro la esencia de la vida urbana, el espacio donde se concentran los usos más atractivos y los enclaves de mayor valor económico; la periferia en comparación sería la parte perdedora, donde se evidencia la desigualdad territorial urbana. Y sin embargo, estas periferias con todas sus carencias y vulnerabilidades, suelen ser un epicentro de creatividad social e innovaciones. La periferia es una microsociedad diversa, compleja, original, que dispone de un espacio particular, de una historia propia, y también de una cultura específica; se trata de una sociedad capaz de hacer, de decir, de pensar conforme a los rasgos de esta cultura original.1 Sigue leyendo

Resiliencia urbana, MARES y marejadas

Artículo publicado en EL DIARIO:

La ficticia independencia de las ciudades frente a los ecosistemas naturales en los que se sustentan, convierte los sistemas urbanos en los más vulnerables ante factores altamente desestabilizadores como la emergencia climática, la crisis energética o las consecuencias territoriales de la crisis socioeconómica (hiperespecialización productiva en sector servicios y turismo, segregación espacial, deterioro de servicios públicos, exclusión social, cambios demográficos…). Una fragilidad incómoda que suele ignorarse y que en entornos altamente artificializados no se percibe con facilidad.

Ante esta situación, se ha ido haciendo hueco la noción de resiliencia, entendida como la capacidad de adaptación y reorganización de un sistema ante perturbaciones y cambios severos, desarrollando nuevos modos de organización. Un concepto que proviene de la física de materiales y que mide la capacidad para sufrir presiones y volver a su estado original, como un muelle; que ha pasado por la psicología para analizar la capacidad de las personas para rehacerse a traumas y catástrofes; hasta llegar a usarse por la biología para hablar del funcionamiento de los ecosistemas ante fenómenos disruptivos o más recientemente por el urbanismo para pensar la inaplazable transformación de ciudades y ciudadanías. Sigue leyendo