Protestas, propuestas y alternativas.

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Artículo publicado en EL DIARIO.

La teoría del caos plantea la no linealidad de los procesos y las consecuencias no intencionales de nuestros actos, la mariposa que con su batir de alas desata una tormenta en la otra punta del planeta. La solitaria huelga de los viernes iniciada por Greta Thunberg, nuestra mariposa, ha desatado una movilización masiva y global de las generaciones más jóvenes contra la crisis ecológica, ella ha sido la chispa que ha incendiado una pradera seca por el cambio climático.

Edgar Morin afirma que nuestra esperanza debe sustentarse en lo improbable, en lo que tiene pocas probabilidades de pasar pero que de forma azarosa termina sucediendo. En el campo del ecologismo social nadie podía prever que un ciclo de acción colectiva tan impresionante iba a surgir de esta manera y con esta fuerza, siendo capaz de situar la crisis ecosocial en la esfera pública y forzar su incorporación a la agenda política. Igual que el 15M, las insurrecciones exitosas no se planifican, no se imponen por decreto sino que suceden… siguen la máxima de John Lennon de que la vida es eso que pasa mientras tratamos de hacer planes.

Esta insurrección ecosocial de las jóvenes generaciones coincide con el crecimiento subterráneo e imperceptible de movimientos como la internacionalización de la campaña de desobediencia civil ecológica de Extinctión Rebelllion, que hace unos meses logró cortar simultáneamente todos los puentes de Londres, y tiene fechada en el 15 de abril su próxima cita global, que llegará a nuestra geografía. Los vientos se vienen sembrando hace tiempo y parece temporada de recoger las tempestades. Unas revueltas arrancan con un fuerte poder destituyente, una voluntad de impugnar los poderes existentes y las narrativas oficiales.

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Movimientos sociales y ayuntamientos: aprendizajes del trabajo conjunto.

Artículo publicado en la Revista Soberanía Alimentaria 34, escrito por Nerea Morán junto a Isabel Vara Sánchez, Lidia García García, David Gallar Hernández y Ana Moragues Faus.

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En los cuatro años transcurridos desde las últimas elecciones, las políticas alimentarias han irrumpido en la agenda de numerosos ayuntamientos del Estado, como respuesta a la demanda de los movimientos sociales y en el contexto global favorable que ha supuesto el Pacto de política alimentaria urbana de Milán. Con anterioridad a las elecciones municipales de 2015, los movimientos sociales agroecológicos propusieron una hoja de ruta para los gobiernos municipales, recogida en documentos como la «Carta por una soberanía alimentaria desde nuestros municipios» (elaborada en el Congreso Internacional de Economía Social y Solidaria de Zaragoza en 2014) y otros más locales. Se trata de demandas y propuestas claras que surgen de una larga trayectoria en el trabajo en torno a la soberanía alimentaria por parte de entidades de la sociedad civil, en ocasiones reunidas en espacios de articulación.

Numerosas ciudades europeas habían adoptado ya políticas en este sentido, pero en nuestra geografía se puede destacar la centralidad del enfoque agroecológico en el proceso, debido al protagonismo de las organizaciones de la sociedad civil y al apoyo de las candidaturas municipalistas. De esta forma, se han abierto espacios que pretenden coproducir políticas públicas en los que las organizaciones de la sociedad civil están trabajando junto a personal técnico y político de los ayuntamientos en la definición y desarrollo de estrategias y proyectos agroalimentarios. Sigue leyendo

Ciudades en movimiento hacia otras economías y otros consumos.

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Artículo publicado en EL PAÍS.

Durante las últimas décadas las políticas económicas urbanas han transitado de la ciudad del consumo al consumo de ciudad, que diría Lefebvre. Un proceso que sintetizaría el paso de una gestión tradicional a formas de empresarialismo urbano, en las que las instituciones públicas para ser eficientes debían parecerse al mercado y aliarse con las grandes corporaciones siguiendo fórmulas de colaboración público-privadas, construirse una marca para competir por inversiones internacionales, atraer turismo y megaeventos o hiperespecializarse en el sector servicios. El resultado ha sido un aumento de la desigualdad social interna de las ciudades, donde la crisis ha ido literalmente por barrios, así como la concentración del 70% de los impactos ambientales en una superficie que supone el 2% del territorio.

El modelo económico condiciona el modelo de ciudad, por lo que imaginar una ciudad que transite hacia la sostenibilidad y la justicia social resulta indisociable de reformular las prioridades de la economía convencional en el entorno urbano. Una compleja tarea que supone desfinanciarizar, democratizar y diversificar las economías; priorizando la satisfacción de necesidades, generando empleo local, apoyando a los colectivos más vulnerables, atendiendo a los cuidados y la reproducción social, así como manteniendo compromisos ecológicos fuertes, que permitan avanzar hacia un metabolismo social más territorializado.

En nuestro contexto y al calor del 15M, el municipalismo emergió como un actor privilegiado para la innovación y la experimentación; asumiendo que las políticas públicas locales son determinantes a la hora de acelerar, acompañar, consolidar o bloquear las imprescindibles dinámicas de cambio. Fruto de este impulso se está desarrollando una nueva generación de políticas públicas municipales, que entre otras cuestiones han incorporado a la agenda temas como el consumo sostenible y el fomento de la economía social y solidaria (ESS).

La ESS sería un movimiento que aspira a democratizar la economía mediante la construcción de alternativas concretas, que generalmente están impulsadas por entidades y cooperativas que funcionan dentro de la economía convencional, pero desconectadas de sus lógicas, valores y prácticas. De forma pionera, distintos gobiernos locales se han comprometido activamente en legitimar, dar visibilidad y dotar de un valor estratégico a estas iniciativas. Sigue leyendo

La ciudad comestible

la_ciudad_comestibleReseña publicada en la Revista Soberanía Alimentaria

La ciudad comestible es una narración coral de algunas de las visitas a jardines, huertos y zonas verdes singulares realizadas en el programa de radio Vida Verde de RNE4, dirigido por Pilar Sampietro. El libro está organizado como un calendario con un capítulo por mes, que además se liga a un árbol o planta concreta. Cada capítulo está compuesto por una descripción de la iniciativa que se visita y una entrevista, una receta, la fórmula para preparar una crema, poción o infusión, y unas fotografías y acuarelas. En definitiva, se trata de una obra coral escrita por un equipo de personas, donde cada cual realiza unos aportes singulares. Una obra muy cuidada estéticamente, que reivindica el papel del libro como objeto más allá de las palabras e imágenes que contenga.

Estos programas de radio caminados son la crónica de las visitas a pequeños lugares, que hacen grande una ciudad como Barcelona. Recorridos que nos llevan a un barrio donde la gente se organiza para la recolección colectiva de las naranjas amargas de los árboles del barrio, organizando una fiesta donde se celebra la convivencia y se reparte la mermelada elaborada; un agricultor periurbano que lleva décadas cultivando una finca en la periferia de la ciudad; el centro social Can Masdéu en la sierra de Collserola, que ha convertido una antigua leprosería abandonada en un laboratorio de agroecología urbana; las colmenas ubicadas en el Museo de Ciencias Naturales y sus reivindicaciones a favor de una apicultura urbana, hoy prohibida en las ordenanzas municipales al ser considerada actividad ganadera; jardines en azoteas en el centro histórico; alcorques cuidados como jardines en miniatura por vecinas anónimas; árboles singulares; espacios protegidos por la ciudadanía, ubicados en un antiguo convento y salvados de ser demolidos, como el Jardín del Silencio; pequeños bosques urbanos, donde se invita a la gente a descalzarse y reconectar con la naturaleza.

Es un libro que muestra y conecta la diversidad de tipologías de espacios que son susceptibles de conformar la infraestructura verde de una ciudad. Piezas singulares y que parecen anecdóticas, pero que anticipan los rasgos que deben combinarse para dar forma al rompecabezas de la inaplazable renaturalización urbana. El imprescindible cambio de valores, imaginarios y prácticas que requiere la transición ecológica demanda otra inteligencia, pero también otras emociones surgidas de nuestra relación con la naturaleza, en espacios como los descritos por este libro.

En tiempos recientes, se han descubierto los mecanismos por los que los árboles cooperan entre sí; gracias a una red subterránea de hongos, intercambian azúcares incluso con otras especies. La naturaleza tiene mecanismos de solidaridad y complicidad invisibles, parecidos a los que llevan a que una reseña como esta sea escrita desde Madrid. Desde la distancia, vemos que introducir un mapa con las ubicaciones de las iniciativas hubiera convertido este libro en una sencilla guía urbana alternativa al mapa turístico de la ciudad, desde la que poder organizar paseos y visitas a algunos de los rincones verdes más singulares de Barcelona.

Un elogio de la jardinería y la agricultura, una apología de las pequeñas historias que dan vida y alimentan a las comunidades locales.

Experimentando otras economías. Una panorámica de las prácticas alternativas de consumo.

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Texto publicado en la Revista PAPELES

Durante la época más temprana de mi vida me tranquilizaban diciéndome que el nuestro era el país más rico del mundo, hasta que descubrí que lo que yo entendía por riqueza era el aprendizaje y la belleza, la música y el arte, el café y las tortillas; quizás en los días de pobreza que se avecinan haya más de todo esto…”. W. R. Lethaby.

La experiencia histórica nos sugiere que los regimenes pueden sufrir cambios radicales, y cuando la transformación sucede tiende a empezar en y desde una red de organizaciones, tecnologías y usuarios pioneros que formaban un nicho en los márgenes del sistema mayoritario”. G. Seyfang. Y A. Smith.

La crisis económica ha trastocado el imaginario hegemónico de la sociedad de consumo y por sus grietas han ido ganando visibilidad una amplia constelación de prácticas alternativas. Este texto nos ofrece una panorámica de las principales dinámicas, apunta las resonancias que sedan entre ellas y apunta las potencialidades que encierran de cara al futuro.

Profundizar la descolonización del imaginario de la sociedad de consumo.

Todo orden social busca proyectarse en el tiempo, que su continuidad sea percibida como una obviedad sobre la que resulta superfluo interrogarse. La cultura en la que nos socializamos sustenta las relaciones sociales dominantes al naturalizarlas, al producir consensos que devienen certezas. Los hábitos, los valores, las expectativas o los estilos de vida se encuentran mediados por esta inercia cultural heredada de la sociedad de consumo y de varias décadas de neoliberalismo.

Individualismo exacerbado, fragilidad de los vínculos sociales o territoriales, búsqueda del interés personal a partir de la competencia, bienestar sustentado en la inmediatez y el cortoplazismo, disociación entre nuestros actos y las consecuencias que se derivan de los mismos, interiorizar el mercado y el dinero como mediadores necesarios para satisfacer nuestras necesidades, normalizar las desigualdades sociales, disponer de una noción de solidaridad restringida a grupos primarios… conforman el sustrato cultural hegemónico en el que nos hemos socializado. Un imaginario cuyos relatos sobre la crisis minimizan el artificio humano del sistema socioeconómico, presentándola de forma que sus metáforas la naturalicen (tsunami, huracán financiero, tormenta perfecta, sequía crediticia…) o como una mala enfermedad que nos toca padecer (activos tóxicos, contagios, metástasis…)1.

Una retórica unidimensional de la crisis que invisibiliza su carácter civilizatorio al ignorar y desconectar la crisis económica de otros factores como el Pico del Petróleo, el cambio climático, el desborde de la biocapacidad del planeta, la erosión de los sistemas democráticos o la crisis de cuidados. El exceso de ideología que ciega los diagnósticos sobre la crisis ha encontrado su traducción práctica en las políticas de austeridad (privatizaciones, precarización, desmontaje de los servicios públicos y los sistemas de protección social, desregulación del derecho laboral…), que en un acelerado proceso de empobrecimiento colectivo nos encaminan hacia sociedades de consumo de baja intensidad. Una reducción forzada y no intencional del sobreconsumo que deviene especialmente frustrante debido a una ausencia significativa de imaginarios alternativos. Sigue leyendo

Las elecciones y el ultimátum de la Tierra.

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Articulo publicado en CTXT

Corría el año 1951 cuando Robert Wise dirigía Ultimátum a la Tierra, una curiosa película de ciencia ficción donde los extraterrestres no venían a invadir nuestro planeta, sino a lanzar un aviso sobre el peligro que representaba, para la supervivencia de nuestra especie y los habitantes de otros planetas vecinos del cosmos, la escalada nuclear durante la Guerra Fría. Unos incomprendidos emisarios de paz en un mundo afectado por la paranoia belicista; que tras ser atacados y perseguidos, terminan por amenazar con destruir nuestro planeta de forma controlada para evitar males mayores.

Si estos extraterrestres repitieran su viaje hoy, indudablemente nos avisarían del abismo que la crisis ecosocial está abriendo ante nuestros pies, al comprometer las bases materiales que sostienen la vida (colapso climático, crisis energética, pérdida de biodiversidad, contaminación…); y verían como una amenaza nuestras pretensiones de exportar este depredador estilo de vida a planetas vecinos. El tratamiento que recibirían, entre la hostilidad y la indiferencia, sería muy parecido al que se suele otorgar a la comunidad científica y al movimiento ecologista cuando comunican el ultimátum al que nos aboca el funcionamiento de nuestro modelo socioeconómico.

Vivimos un periodo que debería ser de emergencia, pues en función de las grandes decisiones que se tomen sobre las temáticas clave en estos años, se condicionarán de forma irreversible los contextos en los que seguir tomando decisiones. Tenemos la garantía de que los escenarios futuros serán ecológicamente adversos y socialmente convulsos, dando pie a una conflictividad que va a atravesar nuestras sociedades: una gestión de la escasez de recursos y energía que aumente o mitigue la desigualdad social, como anticipa la revuelta de los chalecos amarillos; un nuevo pacto intergeneracional o un conflicto abierto con la juventud que habitarán este planeta, como anticipan las sorprendentes y contagiosas huelgas climáticas de estudiantes de secundaria en centroeuropa, Japón y Australia; una mayor presencia del ecologismo político en las instituciones o una deriva hacia posiciones crecientemente ecofascistas, algo que comienza a verse en los resultados electorales centroeuropeos donde los partidos verdes son el principal contrapeso al auge de la extrema derecha; un avance en el reconocimiento de la deuda ecológica por parte de los países enriquecidos y el cosmopolitismo de sus sociedades o repliegues nacionalistas, crecientes tensiones militares por los recursos y control de las fronteras asediadas por millones de refugiados ambientales… Sigue leyendo

Armas de destrucción matemática. Cómo el Big Data aumenta la desigualdad y amenaza la democracia.

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Reseña publicada en la revista PAPELES nº144

Desde mediados de los años setenta una facultad de medicina del Reino Unido, con una demanda muy elevada de alumnado que quería cursar sus estudios allí, empezó a usar un ordenador para filtrar las solicitudes que les llegaban. Varios años después de que se automatizara por completo el proceso, que pretendía buscar un alumnado de excelencia, se constató que la composición social de dicha facultad infrarrepresentaba a la población de origen migrante, a aquella procedente de barrios periféricos, a las personas no blancas y a las mujeres. El resultado tras varias reclamaciones judiciales es que en 1988 la Comisión de Igualdad Racial condenó a la universidad por discriminación racial y de género.

El programa diseñado para seleccionar al alumnado imitaba las decisiones humanas que se habían tomado en el pasado, de forma que se optimizara y depurara el proceso de selección, se siguieron los patrones humanos previos. El sistema de evaluación había aprendido a programar los sesgos y prejuicios de sus creadores: la población migrante maneja peor el idioma, las mujeres pueden interrumpir sus estudios por un embarazo… .

Esta sería una de los centenares de casos que la autora ha recopilado y sistematizado para demostrar como el Big Data es una herramienta que agudiza las desigualdades sociales y dota de un poder no regulado democráticamente a las grandes corporaciones. Esta constatación le lleva a hablar de Armas de Destrucción Matemática, algoritmos que tienen efectos perversos sobre la sociedad, pero que permiten aumentar la rentabilidad de las empresas. Sigue leyendo