El derecho al aire acondicionado.

ATT00003-3

Llegó el verano y las recurrentes olas de calor. En los telediarios y reportajes se mezclan las anécdotas y las recomendaciones para sobrellevarlas: estar a la sombra, hidratarse bien, no hacer deporte a las horas centrales del día… pero este fenómeno siempre aparece de forma aislada, desconectado de la problemática que lo causa como es el cambio climático. Hemos encadenado de forma consecutiva 14 de los 15 años más calidos de la historia, desde que hay registros estadísticos en el siglo XIX, y tenemos la garantía de que las olas de calor se van a ir alargando e intensificando durante las próximas décadas. Un problema que queda naturalizado y cuya comunicación evita caer en alarmismos estériles, enviando a la ciudadanía un mensaje de resignación ante lo inevitable y medidas individuales para sobrellevarlo.

Una de las medidas estrella para adaptarnos al calor veraniego es el creciente uso del aire acondicionado, en nuestro país actualmente tres de cada diez viviendas se encuentran equipadas y en las ciudades andaluzas la cifra llega hasta la mitad. De hecho los picos de consumo eléctrico han pasado en muchas zonas de ser en invierno por el uso de las calefacciones a ser en verano. Se produce así un círculo vicioso en el que el calor nos hace recurrir a tecnologías que funcionan en base a consumir una energía cuyos mecanismos de producción provocan el cambio climático, que a su vez aumenta las olas de calor y la temperatura del planeta… lo que nos lleva a un uso más intensivo del aire acondicionado.

El uso generalizado del aire acondicionado eleva la temperatura de las calles entre un grado y medio y dos, debido al calor que estos aparatos vierten sobre la ciudad. Una metáfora perfecta del funcionamiento de nuestra sociedad, lo común se torna inhabitable cuando la lógica y comprensible persecución del bienestar individual se desconecta de la calidad de vida colectiva y del entorno. Lo que son respuestas individuales racionales, como es encender un aire acondicionado para poner la casa a una temperatura confortable, se tornan estructuralmente irracionales cuando se generalizan. No puede existir algo como el derecho universal al aire acondicionado, pues es incompatible con el derecho a disfrutar de un medio ambiente habitable a medio plazo. Y sin embargo resulta más sencillo imaginar una revuelta de consumidores indignados por restricciones en el uso del aire acondicionado, que en movilizaciones populares masivas para luchar contra el cambio climático.

Cuando yo era chaval mi padre me obligó a aprenderme una definición de persona responsable, afirmaba que era aquella que libremente era capaz de asumir las consecuencias derivadas de sus actos. Y esta máxima tan lógica en el comportamiento individual resulta mucho más problemática al trasladarla a lo social. El elogio de la responsabilidad individual se convierte en la anomalía de defender la responsabilidad colectiva, pues, si se toma en serio, esta suele implicar que desarrollemos nuestra sensibilidad social y ecológica. Cuestionar costumbres que afectan a nuestra comodidad, denunciar privilegios camuflados de derechos o cuestionar la inercia cultural que da por sentados nuestros estilos de vida… se convierte en una actitud sospechosa de radicalismo y resentimiento, no en un acto de responsabilidad. El único límite en el consumo que socialmente asumimos, la única restricción moralmente aceptable de forma generalizada, es la que impone nuestra cuenta corriente. Siempre que se pague la factura logramos eludir debates más incómodos.

Uno de los fundadores teóricos y morales del capitalismo durante sus inicios fue Bernard Mandeville, que a través de su popular fábula de las abejas sostenía su teoría sobre cómo la gente satisfaciendo sus vicios privados terminaba generando beneficios públicos. No hace falta ser responsables pues el bien común se construye de forma no intencional, sin arreglos institucionales y sin exigir incómodos procesos de deliberación y acuerdo. Un elogio del egoísmo y del individualismo como motor económico que sirvió de inspiración para la todopoderosa mano invisible de Adam Smith capaz de mantener la buena salud de los mercados.

Una hipótesis funcional para justificar la quiebra del lazo social y del vínculo entre los nuevos estilos de vida y los impactos ambientales que generaba. La narrativa del despliegue del capitalismo requería de una suerte de pedagogía de la indiferencia ante la ecodependencia y la interdependencia, hacer frente al sentido común, la costumbre y los dictados de la intuición. Un imaginario del que seguimos presos y condicionados.

Uno de los padres de la bioeconomía, Georgescu Roegen, afirmaba que la base de una acción ecologista se basaba en minimizar los remordimientos futuros. Hacer lo que sabemos que debemos hacer, decir lo que sabemos que toca decir. Ser responsables aunque sea en contra de las actitudes y opiniones hegemónicas. De lo que no se habla es imposible que pase a formar parte de la esfera pública y del debate. La clase política son los adultos que imponen los temas de discusión mientras, por nuestro bien, tratan a la ciudadanía como niños a los que hay que ocultar los temas complejos o peligrosos. Infancia etimológicamente quiere decir “quienes no tienen habla”, así que rebelémonos, recuperemos la palabra y nuestro derecho a ser tratados como adultos responsables capaces de deliberar sobre asuntos que nos afectan. Reclamemos que la crisis ecológica ocupe el lugar que merece y conectémosla con el resto de debates de actualidad (desigualdad social, solidaridad internacional, cuidados…)

Una vez dicho esto, no se trata de amargar el veraneo de nadie, ni de fomentar el sentimiento de culpa y la mala conciencia, o de resaltar una superioridad moral ecologista que se percibida como elitismo arrogante. Simplemente aprovechar la ocasión para denunciar la continuada irresponsabilidad política ante algo tan trascendental como el cambio climático. Por cuestiones tácticas o de principios, la nueva y vieja política comparten el desinterés por abrir un debate público riguroso sobre sus implicaciones socieoconómicas, energéticas, urbanísticas, alimentarias… .

Mientras tanto nos quedan los pequeños gestos individuales del consumidor consciente, importantes y ejemplarizantes pero incapaces de encontrar soluciones biográficas a contradicciones sistémicas, si no es de la mano de estrategias colectivas que aumenten la incidencia, reduciendo la sensación de insignificancia de lo que hacemos y el coste percibido del cambio. Dinámicas que anticipan nuevos imaginarios y prácticas sociales a generalizar en el medio plazo, a la par que apuntan las ambiciosas medidas estructurales a tomar desde las políticas públicas.

Así que mientras cogemos fuerzas para el nuevo curso… pasemos estos calores sofocantes con la ayuda de un ventilador, enchufado a una red eléctrica cuya energía sea producida de forma cooperativa y 100% renovable.

Artículo publicado en EL DIARIO.

Hoy es el futuro. Utopías, ciencia ficción y otros relatos tecnológicos para mirar al mañana.

1961 April 9 CTWT Factory Farms paleo-future.jpg

La ficción que consumimos hoy es el mejor medio para poder observar el mundo en el que vivimos, pues examinarlo directamente podría resultar inconcebible y traumático. S. Žižek.

Las cosas no son como son, son como pueden ser. Lo real solo se puede construir desde lo imaginario. Solo desde la utopía se puede mover la realidad. Para mover la realidad hay que situarse más allá de la realidad, la utopía es el punto de apoyo arquimédico. Jesús Ibáñez

La mejor forma de predecir el futuro es creándolo. Peter Drucker.

Los relatos sobre el futuro nunca han sido narraciones neutrales o meros juegos literarios, pues en las imágenes sobre el mañana lo que principalmente se se está proyectando son reflexiones acerca del presente. La tecnología y sus usos sociales se encuentran de forma omnipresente en estas ficciones que aspiraban a prolongar o interrumpir la inercia de sus presentes correspondientes. Los relatos sobre el futuro construyen imaginarios culturales que son una de las variables que orientan nuestras decisiones en el presente. Hoy es el futuro distante que se proyectaba en la época dorada de la ciencia ficción, lo que nos lleva a preguntarnos ¿Qué son los paleofuturos?, ¿cómo deberíamos mirar al mañana en tiempos del Antropoceno? Sigue leyendo

Periferias que alimentan dignidad.

benimaclet_EDIIMA20160530_0147_4

La periferia queda allí donde el asfalto se interrumpe, las calles acaban y empiezan los descampados, la invisible puerta de acceso al campo. Las periferias en muchos casos son barrios olvidados o despreciados por las instituciones, edificios de ladrillo visto habitados por personas con precariedades, necesidades y estilos de vida incomprendidos para la urbanidad bien pensante. La periferia es aquello que geográfica y simbólicamente queda fuera del centro, el lugar donde se clava el compás y desde el que se delimita lo que es relevante. Allí donde residen las personas afectadas por la desigualdad y la pobreza.

Sigue leyendo

Karl Linn y los comunes vecinales

karllinnKarl Linn (1923-2005) fue paisajista, psicólogo, educador y activista comunitario, conocido por haber acuñado el concepto de “comunes vecinales” y por su incansable trabajo activista y profesional que le llevó a trabajar junto a comunidades vulnerables en la recuperación de espacios degradados en sus vecindarios.

 El interés de Linn por el huerto como espacio de aprendizaje, terapia, encuentro y creación de vínculos comunitarios tiene sus raíces en su infancia. Creció al norte de Berlín, a principios del siglo XX, en una granja llamada Immenhof (granja de abejas), levantada por su madre, Henriette Rosenthal, en el contexto del “movimiento por la reforma de la tierra”. Además de la actividad productiva (colmenas, huerta y frutales) Henriette estableció en este lugar un centro de formación de horticultores y desarrolló una de las primeras experiencias de terapia hortícola. Sigue leyendo

El glifosato y la contaminación de tierras, cuerpos e imaginarios.

opinion_EDIIMA20160414_0694_4

La historia cuenta que durante la colonización de Perú los jesuitas construyeron recintos en el campo para que los indios acudieran a misa. Los indígenas no entendían que se pudiera orar en un espacio aislado de la naturaleza, estas iglesias al aire libre posibilitaron que durante siglos estos comulgaran y cantaran engañando a los evangelizadores. pues bajo las apariencias formales ellos seguían rezando a las montañas y al sol.

A lo largo del tiempo las culturas indígenas y campesinas han sido muy conscientes de su ecodependencia, de que el sustento de la vida se encontraba ligado de forma inseparable al aprovechamiento renovable de los recursos y servicios que nos prestan los ecosistemas. Sin embargo nuestras sociedades industrializadas se han ido alejando, de forma literal y simbólica, de la naturaleza. Al contrario que los indios peruanos vivimos encerrados en espacios crecientemente artificializados y somos incapaces de percibir tanto su vulnerabilidad ecológica, como los impactos ambientales que provoca nuestro estilo de vida.

Sigue leyendo

El movimiento sufragista y la horticultura.

ec9982d77267a7a1bcad7efd4e59a219A finales del siglo XIX el movimiento feminista en Reino Unido se había ido articulando y movilizando para demandar igualdad de derechos políticos y económicos, así como acceso a la educación. En este clima de agitación el conjunto de la sociedad se había visto afectada, incluso una actividad como la agricultura se empezó a ver cuestionada cuando en 1899 se fundaba en Inglaterra la Women’s Farm and Garden Association. Aquellas que la impulsaron estaban vinculadas al cultivo de la tierra (granjas, jardinería, agricultura, industrias auxiliares…) y muy sensibilizadas sobre la falta de oportunidades para que las mujeres pudieran emplearse en este sector. Desde la entidad se promovieron procesos formativos y bolsas de trabajo con los pocos empleadores dispuestos a incorporar a mujeres. Sigue leyendo

La agricultura urbana no es una marcianada.

The-Martian-crops

Los relatos sobre el futuro nunca han sido narraciones neutrales o meros juegos literarios, pues en las imágenes sobre el mañana lo que principalmente se se está proyectando son reflexiones acerca del presente. La tecnología y sus usos sociales se encuentran de forma omnipresente en estas ficciones que aspiraban a prolongar o interrumpir la inercia de sus presentes correspondientes. Los relatos sobre el futuro construyen imaginarios culturales que son una de las variables que orientan nuestras decisiones en el presente.

Así que os anticipamos que estamos trabajando sobre estas cuestiones para próximos artículos… mientras tanto recordar lo que dice nuesrtro amigo Matt: la agricultura urbana no es una marcianada.